13 abril 2012

Max-o-Matic o la agitacion de lo grafico (entrevista)




Máximo Tuja (Max-o-Matic) es un diseñador radical, diferente, que explora la agitación a través de lo gráfico. Pura magia para los ojos. Esta entrevista se la hice en 2008 (para la revista 200 dias en Sing-Sing). Al repasarla y ver su trabajo más reciente, creo que la entrevista sigue en sintonía con sus propuestas actuales. Publicarla en Asi se fundó Carnaby Street, ahora, es también una forma de darle mayor cobertura a una obra de gran calidad.


A modo de introdución, Máximo, ¿Podrías contarnos cómo llegas al diseño y cuál ha sido tu formación?

Llegué al diseño a través de un camino muy largo. No me levanté un día diciendo “quiero ser diseñador”. Más bien di varias vueltas hasta que terminé dándome cuenta que el diseño era lo que me atraía de muchos campos muy diferentes que me interesaron en diferentes etapas de mi vida. De adolescente fui un skater (frustrado) a quien le gustaban más las revistas thrasher y las gráficas de las tablas de Santa Cruz o Powell Peralta que ir por el barrio con el patinete. También fui un punkie de fin de semana que flipaba con las portadas de los primeros discos de los Ramones o de los Clash, y me pasaba los días dibujando los logos de mis bandas favoritas en los márgenes de mis cuadernos del instituto. Cuando llegó el momento de la universidad no tenía ideas muy claras sobre qué hacer y comencé con Económicas. Me dijeron que así podría trabajar de cualquier cosa, y yo me lo creí. Sin embargo, un par de años después me di cuenta de que las matemáticas no eran lo mío. Así que cambié a Ciencias de la comunicación, donde durante 6 años leí a todos los autores pre-marxistas, marxistas, post-marxistas, estructuralistas, racionalistas, modernistas, postmodernistas y todos los istas que nunca imaginé que existieran. En aquel momento me parecía muy interesante pero aún seguía sin ver claro en qué iba a trabajar cuando terminara de estudiar. Así que la orientación que no encontraba en los estudios, la encontré en los proyectos paralelos que generó la Universidad.

Gracias a un fanzine que comencé a publicar con un colega llegué (por fuerza, ya que era el único que tenía ordenador con Page maker) al diseño. A partir de ese momento poco a poco, como casi sin quererlo, cada vez me fui metiendo más en el mundo del diseño. Primero libros, después la web, prácticas en un estudio, un trabajo, y así hasta hoy. En 10 años pasó de un divertimento a un trabajo que me divierte mucho. Me gusta que el camino no haya sido recto, ya que en el camino he aprendido otras cosas que de otro modo no sé si hubiera tenido acceso a ellas.



¿Cómo te planteas el diseño, el proceso creativo? ¿Partes de una idea predeterminada o dejas que las imágenes vayan llegando de modo espontáneo?

Soy muy disperso en el proceso creativo. Así que, por lo general, parto de una intuición que va tomando forma. No sé bien cuál es el camino que sigo, pero de algún modo todo va tomando sentido después de un tiempo de trabajar. Me gusta pensar que dejo que mi curiosidad me lleve, aunque tengo que reconocer que eso también hace que le dedique mucho tiempo a intuiciones que finalmente terminan siendo algo que no me termina gustando nada.

¿Influye en ese proceso el punto de vista del cliente?. Lo digo porque tu obra resulta muy coherente a pesar de su eclecticismo. Incluso en algunos momentos muy al margen de la comercialidad. ¿Cómo es la relación con el cliente y sobre qué margen de libertad operas?

En principio, todo el trabajo que hago bajo el nombre Max-o-matic está enfocado como trabajo personal y no comercial. Hago lo que a mi me gusta y lo que en cada momento me parece interesante. El cliente suelo ser yo y sólo me tiene que gustar cuando lo termino. En muchos casos, más tarde alguno de esos trabajos fueron seleccionado para ser publicados, expuestos o simplemente han quedado colgados en mi web. Los trabajos hechos para clientes casi siempre ha surgido a partir de gente que le gustaba lo que yo hacía y quería ese mismo estilo para ellos. En este caso el margen de liberad casi siempre fue absoluto. Y posiblemente sea por esto que encuentres una coherencia entre las cosas que hago. Hay una serie de elementos que siempre me han interesado y no hizo falta que los quitase por presión del cliente.

Por otra parte, haces uso de elementos y disciplinas bien diversas. Fotografía, ilustración, collage, tipografía. En ocasiones todo ello se integra en una misma superficie. Tu trabajo me parece el ejemplo perfecto de cómo el diseño gráfico ha llegado a configurar un lenguaje propio, contemporáneo, que no se resiste incluso a invadir el espacio pictórico y artístico.

Creo que al no dominar ninguna disciplina, voy coqueteando con todas para ver hasta dónde puedo llegar. Y como me divierto sigo probando. Cuando empiezo algo voy añadiendo elementos y se genera algo complejo con muchas capas y niveles. También soy disperso en eso. Además me gusta el proceso de aprendizaje de nuevas cosas, y eso hace que siempre esté interesado en saber cómo se hacen cosas que no sé hacer. Por eso mezclo un poco todo. Ahora bien, si esto es un ejemplo de una tendencia general del diseño gráfico, ¡no tengo ni idea! Tal vez es que tenemos acceso a tanta información que vemos mucho de eso, como vemos mucho de cualquier cosa. Yo veo mucho de eso porque es lo que me gusta, pero no sé si el resto de diseñadores ve esto como un lenguaje propio y característico del diseño actual.



Por hacer referencia a un caso concreto, en la serie Ping Pong congenias estilos de ilustración muy diferentes. Hace unos años quizás hubiera sido impensable utilizar ese recurso.

La verdad es que nunca lo había pensado desde ese punto de vista, pero está bien plantearlo así. La serie Ping Pong Remix nació de un proyecto de Gastón Caba (www.gastoncaba.com.ar). La idea era mezclar sus personajes con los universos gráficos de los artistas que él invitaba. Así que en este proyecto en particular mezclar estilos diferentes dentro de una misma pieza estaba supuesto en el brief. En ese trabajo está muy claro que mi mundo viejo se encontraba con sus personajes nuevos. Creo que la contraposición quedó muy bien. A partir de Ping Pong Remix, en trabajos posteriores mezclé estilos irreconciliables para generar esta tensión que me moló tanto, aunque no sé si lo volví a conseguir con el mismo resultado. En esa línea ese es el primero y el que más me gusta.

Incluso algunos personajes de la política del siglo XX caben en unas zapatillas. En otras ocasiones los colocas como parte de un fresco que nada tiene que ver con el contexto político. No sé si es intencionado, pero al verlo en un estampado pierden toda connotación ideológica, como si el diseño tuviera el poder de alterar los significados y diluir el mensaje en una imagen en estado puro.

Personalmente me parece muy divertido jugar con la noción de contexto. Es genial mezclar personajes y situaciones descaradamente. El movimiento Dadá lo insinuó, y los situacionistas fueron los que hicieron de ello un lenguaje muy poderoso para decir cosas serias de una manera nueva e impactante. De todos modos, lo mío no es un discurso político tan directo como el de los situacionistas, pero si rascas algo puedes sacar. Se trata también de mirar a las cosas más serias con un poco más de irreverencia. Customizar una zapatillas decorando la izquierda con figuras del comunismo y la derecha con íconos de fascismo me parece una broma muy tonta y sencilla, pero a la vez potente. El diseño juega con el contexto y el contexto con la significación. Así pueden estar Stalin y Hitler en un par de bambas, y aún con ellos allí yo pueda llevarlas puestas.



el libro que editaste en 2007, Latex for fun, tiene como motivo el globo, un objeto que asociamos al juego y al divertimento. La idea parte, según tú mismo explicas, al encontrarte un globo en la calle, en Barcelona. No parece fácil coordinar y editar un libro en el que han participado tantos diseñadores, de diferentes países y con propuestas estéticas tan diferentes.

El libro nació de una casualidad. En esa época estaba flipado con los designer toys. Me gustaban, pero eran muy caros. No me gustaba que el calificativo designer haga al juguete más inaccesible, elitista y costoso. El primer globo no lo encontré en la calle. Lo trajo al trabajo el hijo de mi jefe (la editorial cambió niño por calle por algún misterio). Dibujé una cara en él me pareció algo muy divertido. De ahí surgió la idea básica del proyecto. Un globo pintado por un diseñador sería, literalmente, un designer toy: el juguete para un diseñador.

Seguir leyendo La idea juega de nuevo con una manera de subvertir los objetos, incluso el contexto para el que han de funcionar.

Toma algo del mundo de los niños y mézclalo con algo del mundo del arte y seguramente saldrá algo interesante. Esto no me lo inventé yo, ¡por supuesto! Pero me divierte cuando las cosas cambian de sitio y así de significación. También me pareció gracioso pensar en que los globos como objeto de arte son efímeros. Pintar sobre un globo en una época donde el arte cotiza en alza es un acto heroico. Pinta un globo y diviértete como un niño. Con tonterías como ésta hay que quitarle (al menos un poco) el carácter pretencioso, snob y acartonado que tiene el arte en muchas ocasiones.

El globo, que de por sí ya tiene cualidades extraordinarias, se convierte en un objeto aún más inimaginable a través del diseño. ¿Tiene algo que ver este proyecto con la definición que haces de ti mismo en tu web: “soy patafísico por convencimiento”? Me da la sensación que Alfred Jarry y el Colegio de Patafísica francés (Queneau, Duchamp, Vian, Prevert) hubieran avalado un proyecto de tales características.

Si pienso en el globo como un objeto inútil y en la obra de arte como un objeto literalmente explosivo tal vez pueda ver alguna influencia patafísica, pero este proyecto no lo pensé como una obra patafísica ni mucho menos. Tal vez el Colegio de Patafísica podía haber avalado un proyecto así, aunque seguramente la rigidez y lo laberíntico de la burocracia del Colegio me hubieran impedido llegar a presentarlo. Quienes seguramente lo hubieran avalado habría sido la Casa Leczinski para las artes del Siglo XXI, un bastión de la patafísica con pretensiones mucho más inclusivas que el College y los Institutos, que poco a poco parece que se están petrificando, momificando.

Soy patafísico por convencimiento porque los modos de la patafísica (ridículos, inútiles, bromistas, etc.) tienen que ver mucho con mi forma de hacer y de disfrutar el trabajo. Desde que descubrí a Jarry, Queneau, Vian, etc. me di cuenta que había llegado muy tarde a todo y que muchas cosas de las que pensé, imaginé o fantaseé las habían pensado, imaginado y fantaseado en el siglo XIX gente mucho más lista, innovadora e interesante que yo.



En alguna parte de tu Web dices: "No ilustro, intento crear mundos de mentira con pedazos del mundo de verdad”. Toda una filosofía que, según creo, encaja con esa forma del diseño-collage en el que cualquier cosa, objeto o icono, por mínimo que sea, adquiere relevancia en el diseño. ¿Es ése el trabajo de un diseñador: ilustrar el mundo?

Yo no ilustro. No sé dibujar. Un ilustrador tiene la posibilidad de crear de la nada su visión del mundo o de las cosas. Yo no; necesito del mundo para pasarlo por mi filtro y crear mi visión de las cosas. No soy autónomo, soy dependiente y limitado. Cuando no tuve ordenador por una temporada hice collages... nunca pude dibujar; daría un par de dedos de la mano que uso menos por saber dibujar como sueño en mis sueños, pero no. Así que por eso “No ilustro, intento crear mundos de mentira con pedazos del mundo de verdad”. Intento ser honesto. ¿El trabajo del diseñador es ilustrar el mundo? No lo creo. Su trabajo es ordenarlo un poco y darle forma para que signifique algo que queremos decir. De todos modos diseño vs arte es un tema bastante largo y complejo...

09 abril 2012

Pedro Paricio o la voluntad del aparecido. entrevista (III)


Flowers for a Martyr, 2011

Esta entrevista al pintor Pedro Paricio ha permanecido en el cajón demasiado tiempo. La culpa no ha sido más que mía. En principio su lugar iba a ser otro, pero la espera se estaba haciendo demasiado larga. Si me he resistido a publicarla en Así se fundó Carnaby Street ha sido porque su extensión lo hacía casi impracticable. Hoy lo veo de otra manera. He dividido la entrevista en tres partes. Desde luego, merece la pena seguirle la pista. Pedro Paricio no sólo es un gran artista, un pintor con una voluntad creativa incuestionable. En su mundo cabe la reflexión, la idea en estado puro, las preguntas. Así.

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ENTREVISTA. TERCERA PARTE

¿Quién decide qué es y no es cultura? ¿Cuáles son los criterios para catalogarla de alta o baja cultura? ¿No es esa escisión un debate puramente político aplicado al encumbramiento de unas élites en detrimento de otras prácticas artisticas y culturales? Estas cuestiones no son nuevas, desde luego. En los años 50, en Estados Unidos, proliferó esa conciencia que escindía la alta cultura de otra que empezaba a emerger, una cultura de masas. Umberto Eco, en Europa, desarrolló el debate defendiendo la tesis de que los productos culturales en nuestra sociedad de consumo podrían tener un valor significativo.

No conozco todo el desarrollo de Umberto Eco pero sí se puede afirmar que los productos culturales de una sociedad de consumo tienen valor, básicamente porque son el reflejo de una masa social que normalmente es la mayoría. Ahí tenemos a Makinavaja: un comic, que se convirtió en serie y terminó siendo película. Makinavaja tiene un inmenso valor como hecho cultural y como reflejo metafórico e ironico de un grupo social, de una estética y de un sentimiento histórico. O sin remitirnos a ejemplos tan locales, las películas de Terminator, te pueden gustar o no, pero finalmente la primera de la saga se ha convertido en un producto de culto porque logró plasmar, más allá de la calidad del guión o de las actuaciones, un sentimiento ochentero y una estética.

A su vez y sin entrar en contradicción con lo anterior, creo que se debe diferenciar entre producto cultural de consumo que puede simultaneamente alcanzar un valor cultural y el territorio de las prácticas puramente artísticas que están dirigidas al individuo y no a la masa. El arte no pertenece a la colectividad, sino al individuo. Especialmente a un cierto tipo de individuo con cierta preparación, o por lo menos abierto a una percepción diferente de la que su formación social le ha otorgado por defecto. El arte está totalmente excluido en la educación convencional.

¿Quién decide qué es alta y baja cultura? ¿Quién decide sobre la calidad de una obra concreta? Te contestaría con otra pregunta: ¿Quien decide que el cambio climático es realmente un problema? Compartirás que serán los científicos que dedican su vida a estudiar dicho problema, no el tendero de la esquina ni el director del banco de tu calle ni una mayoría pública en votación. Evidentemente una mayoría en votación puede decidir si actuar o no respecto del problema, pero lo que no pueden es juzgar la veracidad de unos hechos que sólo son comprendidos por personas versadas en dicho conocimiento: los científicos que dedican su tiempo a estudiar el clima. El arte, como cualquier territorio de saber: historia, ciencia, lenguaje, tiene unos matices propios que sólo pueden ser evaluados en profundidad -por personas que se dedican a estudiarlo.


Study for a portrait of bad luck, 2009

Quizá es que hoy en día el concepto de alta cultura está mal visto.

En el arte, en especial en el tema de las artes plásticas, siempre se practica una confusión que tiene que ver con una de sus no cualidades: su no funcionalidad pragmática. Si una obra va dirigida, o se afirma que va dirigida a una élite cultural, esta obra aparece enfrentada a todos los problemas sociales, retrógrada, clasista, y acumula un sin fin más de apelativos negativos. Adjetivos que no se aplican por ejemplo a una película cuando también está dirigida a una élite cultural -aunque la élite cultural del cine es mas amplia por el simple hecho que empezamos a ver cine, bueno o malo, con tres años, y muchos no ven una exposición de pintura hasta los 20 si con suerte van. Las prácticas artísticas deben desvincular totalmente su valor de las prácticas sociales, en cuanto prácticas.

Entonces ¿crees que hay que resituar el modelo por el cual se establecen definiciones culturales mediatizas a practicas artísticas concretas?

Según la teoría de la democratización cultural -y continúo utilizando el cine como ejemplo- en la que el creador tiene como objetivo alcanzar a cuantas mas personas mejor, mas allá de su preparación, las mejores películas serían aquellas que reciban mas espectadores. En esta hipótesis todo el cine de autor -como las películas de Víctor Erice- deberían desaparecer de las filmotecas para dejar espacio a los supertaquillazos americanos que tienen mas espectadores en una semana que muchas películas de calidad -y apuntadas así por personas que estudian o conocen de cine- a lo largo de 20 años. Por lo tanto las personas que deben decidir sobre arte, y sobre lo que es baja y alta cultura, son las personas que estudian dichos ámbitos. Centrándome en la cuestión, a mí no me escandaliza decir que la pintura, así como la mayoría de las artes plásticas, está dirigida a una minoría y a una élite cultural, ya que como práctica pertenece a una tradición compleja que sólo puede ser apreciada ampliamente por personas que se hayan interesado por dicha tradición. Una élite cultural que expande y transforma a su vez sus experiencias en otro tipo de conocimiento.


Estudio para un autorretrato con banco, 2009

Llegados a este punto, me interesa tu punto de vista sobre la posmodernidad, un concepto algo confuso y que ha servido tanto para ensalzar corrientes artísticas como para establecer un eje crítico respecto a lo que debía ser el arte desde mediados del siglo XX.

La posmodernidad es un término correcto pero que ha terminado siendo una excusa para casi todo. Es el tipo de palabra que puede aplicarse a cualquier cosa para justificarla. El mejor desarrollo global sobre la posmodernidad lo ofrece Jean-François Lyotard en La condición Postmoderna, y más enfocado al arte en el último capítulo de Las transformaciones de lo moderno de Jauss. En las artes plásticas es un periodo que comienza mas o menos en los 80 después del denominado fin del arte, porque si recordamos no sólo se quiso matar a la pintura, sino al arte en general. El conceptual llevó el arte al límite, donde sólo quedaba lenguaje, mató todo un lado de sus características: objeto, sensualidad, materia, técnica. La posmodernidad es una rebelión contra esta condena. Una pirueta en la que el arte vuelve de entre los muertos y dice: bien, ahora que ya hemos demostrado todo lo que podemos hacer, que experimentalmente hemos ido al límite y que en todas nuestras versiones, incluso la inmaterial, se nos ha aceptado como arte, es el momento de hacer lo que nos de la gana. Si todo ha podido ser arte en diferentes periodos ahora lo va a ser simultánemamente. No hay una legitimación única y el arte se ha ganado el derecho de poder aglomerar en un mismo espacio temporal toda la tradición que ha heredado.

La posmodernidad sería el momento histórico en el que todo arte vale, y ese es el detalle más importante: todo arte y no todo a secas. Hoy es tan legítimo el land art, como el conceptual, como el minimalismo, como una mezcla de todos ellos, siempre que el artista sepa actualizarlos y logre encontrar el interruptor del que habla Christoph Menke, un pulsador que produce un pequeño cortocircuito en el reconocimiento automático del espectador.

Por otro lado. Quizá el pintor, en el sentido tradicional del término, se haya convertido en el último mohicano dentro del ámbito del arte.

Posiblemente sí. El pintor, el escultor y el dibujante, es decir, todos aquellos que practican las artes plásticas tradicionales, las que van ligadas al contacto directo del hombre con el medio, resisten como pueden el envite de los millones de megapíxeles que bombardean nuestra vida. Hoy un porcentaje altísimo de los niños sabe leer pero no tienen apenas capacidad de compresión lectora. En cambio, el 100% saben manejar perfectamente un móvil de última generación y un ordenador como herramientas de ocio.


The Big Painter, 2011

Tu obra, sin embargo, demuestra que la pintura tiene cosas nuevas que ofrecer. Juan Manuel Bonet, por ejemplo, un critico respetado en todos los ámbitos, ha escrito sobre ti en términos tan positivos que te sitúa entre lo mejor del arte emergente de los últimos años. ¿Cómo valoras la crítica, y cuál crees que es su función última?

Juan Manuel Bonet es una de esas personas que dedica su vida y su trabajo, entre otras cosas porque también es un magnífico poeta y escritor, a defender a los que tú tan bien has definido como los últimos mohicanos. Si no fuese por personas como él, la pintura hubiese desaparecido en este país, empujados por los tecnócratas y los “modernos” que aún no se han enterado de la validez contemporánea de la pintura. Tanto mirar al norte de Europa como modelo de progreso y no son capaces de ver que allí la pintura se expone junto al video y la instalación.

Bonet conoció mi obra gracias a mi buen amigo el galerista Basilio Muro. Un día que Bonet estaba en la galería vio un dibujo que Basilio Muro tenía encima de su mesa y le llamó la atención, le preguntó por él y a raíz de eso surgió un interés por mi trabajo. Si te soy honesto, hasta el texto de Bonet, nunca nadie había analizado mi obra de esa manera, con tanta profundidad. Tanto es así, que cuando leí por primera vez el catálogo no pude evitar emocionarme, se me hizo un nudo en la garganta, y no exagero. Es como si un cirujano hubiese abierto uno de mis cuadros con un bisturí muy afilado y con sumo cuidado hubiese mirando todo lo que hay dentro funcionando. Al fin y al cabo, sobre todo, un texto de este tipo lo que hace es recompensar emocionalmente el esfuerzo y el trabajo dedicado a una obra, ya que si alguien que conoce profunda y extensamente la tradición dentro de la que trabajas valora lo que haces quiere decir que algo estás haciendo bien.

¿Podrías hacernos un pronóstico? ¿Hacia dónde va la pintura del siglo XXI? ¿Hacia dónde se dirige tu obra próxima?

No. Ninguno. Cada mañana me lo cuestiono todo de nuevo. Solo sé que la pintura no es un caballo de carreras compitiendo en un hipódromo circular. Solo soy un pintor asomado al precipicio. Cada cuadro es una aventura y hay un espectador para cada cuadro. ¿Si la pintura está muerta que le importa lo que haga con su cadáver? Los que tienen fe, por favor, continúen creyendo.


Pedro Paricio o la voluntad del aparecido. entrevista I
Pedro Paricio o la voluntad del aparecido. entrevista II

06 abril 2012

Pedro Paricio o la voluntad del aparecido. entrevista (II)


The Incredulous, 2011

Esta entrevista al pintor Pedro Paricio ha permanecido en el cajón demasiado tiempo. La culpa no ha sido más que mía. En principio su lugar iba a ser otro, pero la espera se estaba haciendo demasiado larga. Si me he resistido a publicarla en Así se fundó Carnaby Street ha sido porque su extensión lo hacía casi impracticable. Hoy lo veo de otra manera. He dividido la entrevista en tres partes. Desde luego, merece la pena seguirle la pista. Pedro Paricio no sólo es un gran artista, un pintor con una voluntad creativa incuestionable. En su mundo cabe la reflexión, la idea en estado puro, las preguntas. Así.

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ENTREVISTA. SEGUNDA PARTE

Por lo que entiendo, el mundo creado por el pintor es el mundo que ha de construir a partir del estilo. ¿Podría decirse entonces, si excluimos la narración, que el significado de un cuadro está en el estilo?

Tendrías que definir primero que consideras por estilo. El estilo entendido tradicionalmente, como tipología de obra, puede ser una firma, una marca y una prisión para la creatividad del pintor. Un logo. En la actualidad y gracias a la posmodernidad el estilo está fracturado, por lo que recomponer una unidad formal es complicado. Impresionista, abstracto, figurativo... son categorías incompletas que solo sirven para sugerir racionalmente ciertas características. El estilo habla de una línea unidireccional y la pintura puede ser multidireccional. Para mí el mundo creado por el pintor es el mundo que a de construir a partir de la propia pintura, de la tradición que lo precede y de él mismo como entidad individual y única. El pintor crea un territorio en cada cuadro y cada cuadro tiene un valor por si mismo. El pintor sólo está limitado por su conciencia, su técnica, los recursos productivos de los que dispone y su estabilidad vital. Si quieres definir estilo como intención, sí, cada pintor tiene una intención. Si lo defines como un tipo de obra, no tiene por qué.

El estilo como límite es aquello que el mercado adora para las ventas o un medio para alcanzar el reconocimiento. Gerard Richter ha hecho paneles conceptuales, figuración y abstracción. Kippenberger carteles, instalaciones, patos y escaleras a piscinas imposibles. Polke pintaba lo que le daba la gana: calcetines, manchas y gasolineras. ¿Cual es el estilo de cada uno de estos pintores desde el punto de vista de tipología de obra? En cambio si que te puedo dar una definición de sus estilos a partir de la intención que cada uno tiene. Ahora dirás: “si la intención es lo que cuenta, ¿para qué el objeto?”. Pues porque el objeto es la realización de la intención. Tu intención pictórica es una pero no existe hasta que la pones sobre el plano en el que se desarrolla, en la propia pintura, y es en este acto cuando se realiza y crece porque la pintura física difiere mucho de la pintura imaginada.

¿Hemos de suponer entonces que la técnica influye sobre el estilo, sobre la intención?

Por mucho que conozcas tu técnica, inexplicablemente la obra siempre cambia su funcionamiento sobre la tela. La intención y la realización es algo así como el Ying y el Yang. No puede existir lo uno sin lo otro sin descompensación. Las propuestas que lo han hecho (el conceptual, el decorativismo) sólo han tenido sentido en un momento concreto como experimentación totalmente necesaria pero que finalmente hay que salvar. El estilo como intención no excluye de sus objetivos desarrollar un tipo de obra muy concreta, un estilo como tipología de obra. Si un pintor desea evolucionar y no lo hace, debido por ejemplo al mercado, la culpa es suya y no del mercado porque este se rige por sus propias reglas. El pintor es el que debe decidir si pinta solo para ganar dinero, reconocimiento emocional o si pinta porque cree. Lo único importante para un artista es enfrentarse a su precipicio de verdad, a su propio principio individual.


Study for a Selfportrait in a HST, 2011

Pero el video-arte parece más bien un tipo de arte hecho para las instituciones, ferias y para los propios artistas. Quizá todavía no hemos llegado al punto en que el espectador general sea realmente receptivo al video. Esto me hace plantearme la siguiente cuestión: ¿para quién se hace el arte?

El espectador en general del que me hablas no suele ser receptivo ni al video ni a nada. Dicho espectador esta parcialmente abierto solo a lo que conoce o lo le resulta entretenido -al ocio-. Por ejemplo le atraen los pintores que forman parte de su imaginario colectivo, aquellos que ha visto desde niño en los libros del colegio. Por eso le gusta ir a El Prado. Es sintomático ver como las personas se amontonan delante de los cuadros que conocen, como Las Meninas, y omiten obras igual de magníficas del mismo Velázquez que están a su costado. ¿Consideras que el mejor cuadro de El Museo del Louvre es La Gioconda? No creo, pero vayas cuando vayas, la gente está pisoteándose en manadas para sacar una foto a la vitrina de cristal que la protege. Las vanguardias históricas empiezan a formar poco a poco parte del imaginario histórico colectivo de este tipo de espectador general, eso explica por ejemplo que el museo Picasso de Barcelona reciba la mitad de las visitas que acumulan todos los museos públicos de la ciudad. Picasso, gracias al cine y la publicidad, forma parte de la cultura general y la gente quiere ir a ver a Picasso porque es algo que conocen aunque sea solo del modelo de coche que tenía su mismo nombre.

La pintura contemporánea, y el arte contemporáneo en general, está aún muy lejos de entrar en este imaginario generalista. Respondiendo directamente a tu pregunta: una exposición de video no recibe muchas visitas, pero tampoco las recibe una exposición de pintura contemporánea. ¿Para quién se hace el arte? Para todo aquel que se tome el tiempo de apreciarlo.

En un texto titulado La estafa del discurso pones en tela de juicio la función de algunos textos que intentan explicar la obra pictórica, el arte sometido a la razón. Pienso también, en este sentido, en aquellos textos que explican el arte desde la poética. De hecho, algunos grandes poetas (Octavio Paz, Pere Gimferrer, José Hierro, etc.) han sido también grandes críticos de arte. ¿Cuál sería el modo idóneo de explicar el arte?

Es muy diferente hablar sobre arte que justificar el arte. Los poetas que mencionas, como tantos otros, no intentaban justificar un cuadro, lo que hacían y hacen es transformar en un lenguaje diferente y propio -palabras y versos- lo que un cuadro les produce. Lo mismo para otros géneros. Cualquiera puede hablar de pintura en los términos que desee, tanto si tiene conocimiento como si no ¿Vivimos en un país libre no? Pero todo esto está muy alejado del problema que yo quería enfocar en ese ensayo. Una obra de arte debe sostenerse a sí misma, autolegitimarse. Un cuadro, una escultura, un video, una performance, debe valerse de sus propias cualidades y características para autoafirmarse como necesaria. En cambio, hay muchas obras mediocres que sólo sobreviven gracias a un sinfín de discursos teóricos, especialmente apoyadas por el tipo de crítico que quiere obtener mas notoriedad que la propia obra. Esto no quiere decir que los discursos teóricos no tengan cabida en las artes, al contrario.

Los discursos teóricos y críticos serios son imprescindibles como transmisores y desencriptadores de una tradición. primero viene la obra y luego los textos sobre dicha obra, y aun así estos no deben valer para justificar un trabajo si él no se justifica a si mismo. El valor de una obra está en la propia obra y no en los discursos que la envuelven. No está en su precio de mercado ni en su repercusión en la sociedad.




Tres estudios para un autorretrato, 2009 / Ship wreck in front of The Teide, 2011

Dices: su repercusión en la sociedad. Según tu plateamiento ese resulta ser un tema conflictivo y confuso para el arte contemporáneo.

Considero que se debe diferenciar totalmente entre práctica artística y práctica social. El arte claro que puede tratar temas sociales, pero el valor no solo está en el tema social que trata, si no en cómo lo trata. Si empezamos a valorar una obra por cómo es aceptada por la sociedad como masa deberíamos llenar los museos de cuadros con perros jugando a la cartas, porque te aseguro que hay mas gente que disfruta con esos cuadros que con un Mark Rothko.

No te falta razón, pero los museos, críticos y ferias sí deciden qué es bueno y que no lo es. cCuando no se da el caso de autores poco valorados en una época resurgen en otra como auténticos genios. Es decir, ¿El arte puede obviar lo que se cuece a través del propio mercado del arte?

Realmente no es que decidan que es bueno o que no es, ellos sólo deciden sobre el apoyo que le van a otorgar. Si algo es bueno, es bueno por sí mismo. En todo caso el juicio definitivo depende de la historia. Que un pintor resulte seleccionado o no por estos estamentos no habla directamente sobre la calidad de su trabajo porque los procesos sociales son mucho mas complejos, y esto no entra en contradicción sobre que las personas especializadas en una tradición son las que deben juzgar esta tradición. Las galerías no trabajan sólo sobre la calidad. Una galería puede apoyar a un pintor porque sabe que va a vender mucho aunque su obra sea mala. Para una feria utilizamos el mismo procedimiento y los museos entran dentro de la problemática de lo público. Para los críticos es un tanto diferente. Hay que analizar el respeto que te merece el crítico que evalúa y su trayectoria profesional. Normalmente la visión del crítico independiente, si es bueno en el sentido global de la palabra, es la más desinteresada de todas.

El arte y el mercado no tienen nada que ver pero inevitablemente se necesitan uno al otro. El galerista necesita arte para su negocio, buen arte porque no sólo ganará dinero, sino placer, reputación y eternidad. El artista necesita a la galería para que haga el trabajo sucio, para que hable de dinero, porque al final el artista solo puede pintar si tiene para comer, pagar la luz, el estudio y los materiales con los que trabaja. Evidentemente la relación no es sólo y siempre tan interesada. Hay galeristas a los que verdaderamente les apasiona el arte y arriesgan su propia economía para apoyar una obra. Los artistas necesitan a este tipo de galerista. Los grandes artistas tienen siempre grandes galeristas.


Vaporeta, 2009

¿Qué papel juegan las instituciones, el Estado, en este sistema de necesidades e intereses?

El estado también puede proporcionar este sustento como garante de la cultura: “Un estado culturalmente fuerte es un estado más fuerte”, pero los presupuestos del estado para la cultura ya sabemos que son reducidos. La idea de que la institución sirve para apoyar las propuestas mas arriesgadas está obsoleta, hoy en día el mercado engulle todo tipo de trabajos. Hay coleccionistas especializados en comprar todo aquello que sea lo que sea, resulte raro, extravagante y espectacular. En cualquier caso todo se mueve dentro de terrenos defectuosos dentro de la utopía. En sistemas perfectos la institución sería mas honesta que el mercado, pero en sistemas imperfectos que son los únicos que puede construir el ser humano, ambos se necesitan y se regulan mutuamente: unas veces mejor y otras peor.

La institución y el mercado son los dos lados de una balanza, se mantienen en equilibrio mirándose de reojo. A mí el mercado sólo me interesa económicamente en la medida que me permite continuar desarrollando mi trabajo, y la institución me preocupa intelectualmente en tanto en cuanto me propone vías de acceso a la cultura. Es decir, me preocupa vender para continuar pintando con cierta estabilidad, pero no me preocupa en absoluto quién es el pintor que más vende ni cual es el cuadro más caro. Me intereso por lo que exponen los museos porque son las entidades que tienen el poder y los recursos necesarios para traer obra de calidad en cantidad y crear sustrato receptivo, pero no espero que me apoyen.

02 abril 2012

Pedro Paricio o la voluntad del aparecido. entrevista (I)


Selfportrait after Francis Bacon V, 2011

Esta entrevista al pintor Pedro Paricio ha permanecido en el cajón demasiado tiempo. La culpa no ha sido más que mía. En principio su lugar iba a ser otro, pero la espera se estaba haciendo demasiado larga. Si me he resistido a publicarla en Así se fundó Carnaby Street ha sido porque su extensión lo hacía casi impracticable. Hoy lo veo de otra manera. He dividido la entrevista en tres partes. Desde luego, merece la pena seguirle la pista. Pedro Paricio no sólo es un gran artista, un pintor con una voluntad creativa incuestionable. En su mundo cabe la reflexión, la idea en estado puro, las preguntas. Así.

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ENTREVISTA. PRIMERA PARTE

Al observar tus cuadros con detenimiento, da la sensación de que requieren una ejecución compleja. ¿Podrías explicarnos como afrontas la superficie en blanco, su proceso hasta el resultado final?

No considero que la complejidad de la ejecución deba tenerse en cuenta a la hora de valorar un cuadro, sino la honestidad con que dicha ejecución se realiza. Uno de los mayores enemigos del pintor es la autocomplacencia, especialmente durante dos etapas: al principio de su formación y cuando está consagrado. En el primer caso por desconocimiento, en el segundo por vanidad. Con 15 cuadros a tus espaldas es difícil realizar una autocrítica consciente porque aún no sabes nada de casi nada. Necesitas ver muchas exposiciones, leer, aprender y sobre todo pintar, pintar mucho para adquirir una conciencia histórica. Un mirador dentro de la tradición en la que participas y que te permita juzgar tu trabajo. En el otro caso, un pintor consagrado suele ser alabado de tal manera que es difícil que vuelva a entregarse a la hoguera de exigencia, y sólo se mantiene gracias a la inversión que respalda sus trayectoria. Respecto a mi forma de trabajar. No utilizo bocetos previos. Aprecio cada posible error -aunque prefiero denominarlo suceso inesperado- que me regala el trabajo.

Cuando monto la tela sobre un bastidor -fabricado por mí a partir de listones de madera- lo pongo en la pared y me siento a mirarlo. Hay veces que tengo algo dando vueltas en mi cabeza y otras estoy vacío, pero siempre me siento a mirarlo con calma hasta que aparece algo, normalmente poco definido. No soy capaz de concebir un cuadro totalmente terminado, nítido. Lo único que tengo es una dirección a partir de la cual empiezo a pintar intentando establecer un dialogo con la propia pintura, en un proceso que Ernest Gombrich definiría de “prueba y error”.

Hay obras que no somos capaces de vislumbrar. Me refiero al mecanismo de su construcción, esa parte que queda depositada en el trasfondo del cuadro.

Me gusta la propuesta de Klaus Honnef: “crear obras que sirven para el examen constante de las percepciones habituales, las costumbres enraizadas, los esquemas de pensamiento tipificados y los sentimientos rutinarios”. A este proceso también lo podemos llamar satori: despertar momentaneo en el budismo Zen. No tiene por que ser místico, ni aburrido o producido por una oración profunda. El satori puede aparecer en el humor, en la locura, en la incoherencia, en un movimiento espontáneo, en la experimentación, en el descubrimiento, durante la meditación y durmiendo. En cualquier parte y en ninguna. Christoph Menke, en terminología occidental, denomina esta experiencia -para el arte- como “cortocircuito en el reconocimiento automático” del ser humano.

El tiempo. No solo en la ejecución, sino como proceso mental. Intuyo que hay tiempo en tus cuadros.

El tiempo siempre ha sido parte fundamental de mi proceso pictórico. Antes principalmente como acción física; podía pasar horas mirando un cuadro pero siempre como paso previo a la acción de volver a pintar. Por eso muchos cuadros están cargados de materia. Siempre tenía que añadir algo, siempre tenía que terminarlos con una última acción pictórica física, poniendo más pintura. Ahora el tiempo continua jugando un papel fundamental pero intento dar la misma importancia a la acción mental como acto de decisión, una concepción de acción como pensamiento en el que puedo terminar un cuadro simplemente percibiendo con claridad que está terminado, sentándome de nuevo a mirarlo durante horas y días pero sin tener que añadir nada, simplemente adquiriendo conciencia de que se acabó. El cansancio, el estado anímico, la luz, la incertidumbre, la inseguridad, son velos que pueden ocultar este hecho y evitar que tu horizonte pictórico crezca. He descubierto cuadros que destrocé y me gustaría haber conservado. Hay pinturas que simplemente eligen un mal día para llegar. El tiempo como acción mental es una herramienta que me permite no solo actuar con la pintura, sino pensar sobre pintura y ampliar mi propia conciencia de la pintura mientras trabajo. Puedes pasear por una playa y no percibir el atardecer debido a que solo miras la arena buscando conchas. Siempre he desarrollado conjuntamente estas dos concepciones pero tengo la sensación de que en el pasado la impetuosidad me obligaba a primar lo físico sobre lo mental. Acción física y acción mental componen una balanza que siempre forma parte del tiempo pero que según como los equilibres producen diferentes resultados.



Study of a study, 2009 / Study after Mark Rothko´s Beige, 2009

¿Cuales serían los problemas de la pintura contemporánea? En algunos manifiestos y textos hablas de ello, vinculándolo a las concepciones posmodernistas del arte.

Esta pregunta es un poco ambigua, pero por apuntar algunos: el desprecio que parte de la institución "arte nacional" siente por la pintura contemporánea a favor de los nuevos medios, y la propia rendición, por cansancio o necesidad, de las personas que configuran el espacio de la misma pintura contemporánea.

Al decir esto, me da la sensación que se ha creado una situación un tanto esquizofrénica. Las instituciones, museos, galerias, ferias, etc., priorizan las nuevas disciplinas en detrimento de la pintura, pero al mismo tiempo el cuadro sigue teniendo más valor monetario en el mercado económico del arte.

La situación no es exactamente esa. Hay galerías de diferentes tendencias y eso es lógico, cada director primará lo que el considere porque al fin y al cabo la galería es un negocio privado en el que su propietario tiene derecho a seleccionar lo que le apetezca. En cuanto a los centros de arte hay de todo. Tenemos instituciones que continúan programando pintura y otras que hace años que dejaron de hacerlo. Este problema es diferente porque estos directores sectarios en cargos públicos olvidan que en cuanto en tanto son garantes de la cultura artística contemporánea general, deben proponer una pluralidad de contenidos que abarque todas las tendencias que las prácticas artísticas contemporáneas proponen en la actualidad y no solo aquellas por las que sienten predilección. Lógicamente el director de una institución -como ser humano imperfecto siempre tendrá preferencias personales pero nunca debe de trabajar de forma excluyente. El tipo de pensamiento artístico único que estos gestores culturales partidistas proponen es exactamente igual al que impusieron diferentes dictaduras políticas del siglo XX, siempre dispuestas a condicionar el arte a un tipo de arte según fundamentos ideológicos. Muchos confunden tecnología con contemporáneo y progreso con panfleto.

En varios cuadros del 2009 las referencias a Francis Bacon son más que evidentes. Esto me recuerda que muchos pintores del siglo XX, incluido Bacon, han reinterpretado la obra de otros pintores. ¿Cuál es el cometido de esa reinterpretación? Y más concretamente, ¿qué es lo que te lleva a ti a acometer en tu pintura algunos cuadros de Bacon?

Bacon es uno de los pintores imprescindibles de la segunda mitad del siglo XX. No sólo Bacon, muchos pintores del siglo XX han interpretado la obra de otros pintores, o mejor dicho, han tomado prestado de otros pintores. Casi todos los grandes maestros de la pintura han usado más o menos veladamente la obra de otros pintores tomando composiciones, ideas, personajes, colores, estructuras, proyectos. Especialmente todos aquellos pintores que no se han limitado a una obra muy concreta y definida. De Velázquez a Picasso, todos se han apropiado. Así que la evidencia con que lo hagan es irrelevante. Ahora bien, este tipo de desarrollo, en el que tú incorporas un momento de la tradición a tu obra, pero desarrollando tu propia obra, lo definiría como estudio de tu tradición. Es muy diferente a las prácticas que basan el valor de su pieza en el de la obra de la que se apropian. Los Papas de Bacon no cobran valor por el original, el original es sólo un pretexto para la pintura de Bacon. En cambio, el proceso inverso en el que muchos de los artistas del simulacro, que tomaron el nombre de Baudrillard, sitúan el valor de su obra en la obra que reinterpretan, en un remake como los de Hollywood: casi siempre malo, aunque a veces resulte entretenido.



Autorretrato con televisión, 2009 / Estudio según Francis Bacon IV, 2009

La apropiación, definitoria en el arte posmodernista, puede entenderse de muchas maneras. Desde el plagio, la copia o la reinterpretación, hasta el palimpsesto. ¿Cuáles crees que han de ser los criterios legítimos del arte apropiacionista? De Marcel Duchamp a Warhol, por citar dos nombres paradigmáticos, han jugado con la idea de apropiación directa. Ellos, sin embargo, son definidos dentro de la gran tradición del arte del siglo XX.

No soy yo quien debe juzgar lo que es legítimo y lo que no. Para eso hay personas mucho más preparadas, ya que aunque a mi me interesa el arte en general, soy parte interesada inmersa en una tradición muy concreta que es la que preferentemente conozco y estudio. En cualquier caso, estás nombrando artistas que pertenecieron a momentos concretos de la historia. Warhol al pop, momento en el que el arte empieza a beber por primera y descaradamente vez de la baja cultura como ampliación de su tradición. Duchamp simplemente abrió un camino muy importante. Tumbar un muro tiene sentido cuando está, cuando ya no hay muro no hay que derruir nada. Muchas de las técnicas y las apropiaciones desarrolladas por Warhol ya no son plenamente aceptadas, pero en su momento abrieron un campo de visión y nuevas perspectivas de producción. Duchamp ya demostró lo que tenía que demostrar y gracias a eso Joseph Beuys pudo desarrollar su obra, quizás el último de los grandes relatos. Pero ya no tiene ningún sentido hacer lo que hizo Duchamp porque ya no hay que demostrar la capacidad absoluta de decisión que tiene el artista, debido a que está plenamente aceptado por la práctica contemporánea.

No sé si sería posible definir tu pintura, pero quizá podríamos hablar de “Abstracción en un mundo figurativo”.

La pintura ha vivido inmersa durante 100 años en una fractura ya inexistente. El pintor Raoul Ubac decía: “La disputa que contrapone un arte figurativo a un arte no figurativo es perfectamente vana. En efecto, en la medida en que se quiere, se respeta y se alcanza la unidad interna, rigen las mismas leyes en la elaboración del lienzo, ya sea figurativo o no. La conjunción de figuras, formas geométricas y manchas plantea los mismos problemas y exige idénticas soluciones”. La principal diferencia entre la figuración y la abstracción, no está en la forma, si no en la narratividad. La figuración en cuanto proyecta imágenes reconocibles produce irremediablemente, en mayor o menor medida, narraciones en términos de comunicación convencional. Francis Bacon repudiaba la narración, pero aun así, su trabajo no consiguió evitar los ríos de tinta narrativa que se han vertido sobre sus cuadros. En cambio la abstracción evita esta situación aunque desde luego que tiene sus propios problemas como los senderos perdidos del decorativismo.


Cardinal after Rafael, 2009

¿Podemos hablar entonces de que la narración deforma el sentido final de la pintura?

La narración no es una característica negativa pero hay que tener cuidado porque puede convertir una pieza en un documental informativo y no en una obra arte. La pintura puede narrar, pero en otros niveles, más directamente, podríamos decir sensitivamente, algo así como un viaje al sistema nervioso. -y este concepto para nada es nuevo, ya lo encontramos, por venir al caso, en Bacon: “Transmitir la sensación sin el aburrimiento de su transmisión”, “El Sahara en el ojo de una aguja”. En el siglo XVII muchos pintaban vírgenes, pero no todos lo hacían como Rubens. Velázquez es Velázquez por como pintaba y no por todas esas narraciones para audio-guias de museo que sus cuadros contienen, ya que ese tipo de narraciones mitológicas también están en sus coetáneos que no lo alcanzan como pintor. Lo mismo con Vermeer. Su prodigio está en esa capacidad mágica de contener una atmósfera sobre un lienzo, un instante, y no en todos los símbolos que la historia del arte tradicional intenta estudiar, porque de nuevo, todo ese simbolismo está en todos los pintores de Delft, pero solo Vermeer era capaz de lograr esa suspensión del tiempo.

La pintura es una experiencia, tanto la pintura abstracta como la figurativa, y la experiencia no puede comunicarse en términos lingüísticos. Citando a Enrique Juncosa: “el arte que me gusta es siempre irreductible a una explicación”. Y a Juan Manuel Bonet: “La pintura tiene algo maravilloso, en el fondo es un asunto que tiene poco que ver con teorías, con programas”. No me gusta definir mi trabajo en términos de figuración y de abstracción, así que tanto me da “abstracción figurativa como figuración abstracta”, es mas, simplemente no me gusta definir mi trabajo. Cuando me hacen la pregunta del millón de dolares: “¿Qué tipo de pintura haces?”. Respondo: “pintura”.

31 diciembre 2011

Kribi Heral, mas allá del pop (beyond-pop)


Clonic nanotech machine, 2009

Entrevista realizada por José Luis Micó "Lou" para la revista cultural 200 días en Sing-Sing. Lou, amigo personal y gran conocedor de la obra de Kribi Heral, se adentra en el mundo de un artista que ha reinventado la plástica del pop.

Cualquier atisbo de enraizar plástica y cultura pop inmediatamente es incluida en el séquito del Pop-Art. Esta idea, tan extraña al paraíso, ha triunfado bajo el método de la divulgación, mientras Andy Warhol vendría a colocarse como el paradigma de todas las superficies. Sin embargo, el abastecimiento de la iconografía popular no pasa unicamente por el filtro-Warhol. Otras materias son susceptibles de embadurnar esa mitología, lo mismo que el factor irónico no ha dejado de estar presente en la intentona de distanciarse precisamente de la sombra del pop-art. Kribi Heral, pintor de sustancia y formas aparentemente vinculadas a esa tradición, se revuelve contra esos conceptos. Asimila la técnica para sobrepasar las limitaciones conceptuales del pop hasta convertir su arte en materia interpretable desde el umbral de sus posibles significados

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Kribi Heral ha sido clasificado en algunas ocasiones como un artista pop. Hay veces que los críticos hablan de mi obra como pop. Esto produce en mí, como acto reflejo, una reacción contraria de posicionamiento anti pop. Pero en cierto modo es comprensible porque hay matices , que yo llamo accidentales debido a la utilización de ciertos materiales, tintas planas o la serigrafía, que es una técnica muy asimilada por el pop, pero también utilizo algo tan poco pop como son las texturas densas, oscuras y abruptas que son la antítesis y rompen con el pop y curiosamente nadie habla de expresionismo o de Kandinsky, que realmente es lo que a mí me enchufa desde el principio.


Paseo por el bosque, 2009

¿Y cuando fue el principio? A los doce años tuve mi primera conciencia del arte. Aún conservo el bloc de dibujo de entonces. Años más tarde, una frase de Arnold Schoenberg , que era un músico en la órbita de los expresionistas del Jinete Azul, decia “El arte nace por necesidad” (por cierto, también fue autodidacta). Entonces me dí cuenta que esto era lo mío. Yo creo que el arte tiene que ser reflejo de su momento. El pop-art es de hace 40 o 50 años, inevitablemente ahora estamos en otra cosa. Me gustaria que la gente encontrara otra manera de definir esto.

Definir toda una obra requiere una vida entera. La base de mi trabajo siempre ha sido la experimentación a todos los niveles y sobre todo desde un posicionamiento más vital que teórico. Sin embargo, en estos momentos en mi trabajo, el marco teórico es igual de importante que el formal y esta basado en las nuevas tecnologías, en la nanotecnología y los avances científicos, es algo que ha calado en mi de manera importante. Hay cosas increibles, esta vertiente de la ciencia aporta posibilidades realmente inimaginables y abren un campo inmenso que me parece realmente apasionante. Es cierto que la tecnología es lo mejor que ha pensado la mente humana y creo que en el futuro puede dar la verdadera libertad al ser humano o quizas al “post-humano” , no sabria decirte si en cientos o miles de años en este caso el tiempo es un parametro imprevisible, pues en los últimos 30 años, quizás se haya avanzado más que en los últimos 300, por decirte algo,y en los próximos 10 quien sabe.



Equilibrio, 2008 / El último árbol, 2008

¿Como se concreta todo esto? En 2004 empecé ha trabajar con termografías, y poco a poco he ido interesandome y trabajando con material de investigación científica, desarrollando dibujos celulares y estructuras ensambladas con las que intento reconstruir una nueva vision del “cuerpo humano”. En base a los avances de la nanotecnología, me permito plantear la siguiente hipótesis: “Si una nanomaquina se puede introducir en un vaso sanguíneo para tratar una célula dañada mi planteamiento es que en un futuro se podran manipular y transformar las células, si esto se aplica simultaneamente con todas las células de nuestro cuerpo, obviamente nuestro aspecto general se transformaria a nuestro antojo”. Bueno, esto puede parecer una ida de olla, pero el trasfondo de esto es que los avances tecnológicos están dando visos de que la evolución del ser humano puede que ya no sea biológica, o que pueda romper los cánones de la naturaleza, trascender de nuestro cuerpo. Hay teorías incluso donde entra el concepto de Dios. Es un mundo fascinante aunque la iglesia y la moral digan que el hombre no debe entrar ahíla religión es como una opresora de la inteligencia, sobre todo porque se basa en el poder. Es castraste. Yo creo en eso de que, el futuro del ser humano pasa por la superación de nuestro propio cuerpo físico, entre otras cosas porque la tierra tiene fecha de caducidad, y con este cuerpo no salimos, cuando esto suceda la tierra no existirá pero tendremos la capacidad de la virtualidad o algo que será parecido. Por eso recreo en mis cuadros, paisajes, bosques y campos, que en realidad son espacios virtuales, arqueología nostálgica. Al fin y al cabo, la naturaleza es lo mejor que tenemos. Por muy urbanita que se sea siempre hay un momento en el que uno disfruta de la naturaleza.

En tus polípticos aparecen textos ilegibles, con números y consonantes, figuras humanas combinadas con otras más abstractas, objetos y naturaleza. Estos textos los trato como objetos estéticos, me agradan y me parecen bonitos y sobre todo me seduce el hecho de pervertir el lenguaje sin que pierda el poder de comunicación, en este caso comunican sensaciones, que en realidad es el proceso estético, en esto sobrevuela la idea de “el signo como intermediario entre la imagen y el concepto” de Levi-strauss. Por otra parte, en los polípticos trato de aglutinar la visión de una sociedad diversa y caleidoscópica, donde la sobreinformación se acumula en un ente de archivos, redes y conexiones, creando un coctel heterogéneo. Por otra parte siempre he tenido en cuenta la fluctuación como algo intrínseco del ser humano, nuestro modo de ver y de sentir cambia constantemente con mayor o menor intensidad, pero se produce.


In the garden, 2009

¿Se puede ser coherente en un tiempo tan cambiante? Hay muchos artistas que cogen una línea y tiran por ahí, algo que respeto totalmente y creo que tiene su importancia. En mi caso, la constante es el material, lo demás fluctúa entre lo figurativo, lo abstracto. Intento no ponerme ninguna cortapisa cuando pinto. Para mi es muy importante ese concepto de libertad cuando trabajo. Estoy seguro que si hubiera hecho bellas artes no hubiera llegado a esto. A mi no me gusta estudiar, a mí me gusta experimentar. He aprendido más cuando dejé de estudiar, que estudiando. Cuando llegas al mundo, te dicen que tienes que estudiar y trabajar, cuando lo que deberian decirnos es ser felíces por encima de todo, aunque sea trabajando.

Tu estudio a lo mejor refleja esta sensación, pero también un ambiente de trabajo. Al mundo no has venido para trabajar, hemos venido para ser lo más felices posible: vamos a serlo! Intentemos vivir bien, sufrir lo menos posible: nos han dicho que trabajando y subordinándonos a los demás, vamos a encontrar la felicidad , y está claro que no. Trabajar si, pero por placer. Estos cuadros llevan muchas horas, paso realmente jornadas largas en el estudio pero cuando estás a gusto la sensación de esfuerzo se diluye. Me encanta no estar pendiente del tiempo. El sistema te marca las pautas. Por eso creo que cada uno tiene que plantearse la vida como individuo y adaptarse al contexto en el que vive, pero siempre desde un punto de vista individual. Esto no quiere decir desde un punto de vista egoísta. Si tú no sabes lo que puedes dar, hasta dónde y cómo.


What and What, 2008

¿Tu crees que la gente es siquiera consciente de eso? ¿Tú sabes cual es el problema de la sociedad? El miedo. Todos acojonaos. El miedo es la base del control, te lo meten desde pequeño, te hace seguir los cauces de otros. Entonces ahí no te puedes reconocer como tú mismo, siempre estás pendiente de una visión del bien y del mal que en realidad no es la tuya y tú no eres un criminal. A priori, esto chirría.

¿Y Cómo se vence el miedo? Lo vences tú.

31 mayo 2010

Carmelo Hernando: semiotica para el ojo en vivo {entrevista}

Niños descarriados, número uno. Óleo. 48 x 48 cm. 09/12/06

Mirar es una exigencia, un desprendimiento de la retina que obliga al observador a recrear el conjunto. Si vemos la obra de Carmelo Hernando desde el zig-zag atravesando las múltiples etapas que ha ido cimentando desde sus inicios en los años 70, podríamos adjudicarle no sólo una coherencia masiva sino también la estela profética de quien ha sabido expresar su arte futuro por adelantado. Eso querría decir que la visualidad de Hernando ya está aparejada con sus expectativas creativas, buscando en cada momento el soporte más fiel a la idea. Así lo hemos visto conjugar el diseño editorial con la lúbrica del arte digital cuando los soportes en software todavía no existían. Sus fotomontajes son la avanzada estela del arte digital, pero lo mismo podría atribuirse a su pintura. Carmelo Hernando es pura vanguardia actualizada a cada instante.

Web oficial | Carmelo Hernando

Desde tus comienzos, tu obra es un cruce de caminos. Incluso si nos referimos a tus trabajos editoriales de los años 70 y 80, en ellos se aprecia que tus fuentes estéticas se expanden por vías muy variadas. Ozono, Star, Vibraciones... Colaboras en revistas emblemáticas de finales de los 70. ¿Qué recuerdas de aquella época en relación a tu trabajo cotidiano?

Empieza con la revista AU, con Franco bien vivo y salvados del cierre, por casualidad, gracias al atentado mortal del almirante Carrero Blanco (que iba incomprensible y personalmente a por nosotros). Entre (AU y Ozono) y (Star y Vibraciones) hay dos ciudades: Madrid y Barcelona. Siempre me he preguntado porque la aparatosamente mediática “movida madrileña” ocultó sus ancestros sociológicos. Estas cuatro revistas contienen en sus índices el gota a gota cultural que hizo posible la cultura rock?/pop? española.

¿Cómo surge la Astronave Pirata? Se diria que erais un colectivo (Carmelo Hernando, Bug, Fortuna, Roger, Canovas, Vila, Never Mind) que deseaba aportar a lo visual una impronta contra la comodidad. Quizá ese periodo también tuvo una traducción literal en el libro Astronomía Pirata (1980). Jaime Gonzalo, en un articulo de 1980, lo califica como “espectáculo de variedades”. Desde la perspectiva actual y tu propia evolución, ¿qué destacarías de ese libro?

Comic europeo en blanco y negro. La astronave pirata de Guido Crepax y el Garaje Hermético de Moebius son dos puntas referenciales. Un grupo heterogéneo de personas en Barcelona a finales de los setenta. Muy diverso: dos “masters” Luis Garcia y José Cánovas, dos “mujeres” Marika Vila y Elvira Navares, dos “jóvenes” Enric Bug y Pere Fortuny, un “genio oculto” Pepe Robles y yo mismo que ejerzo de director de arte en dos revistas sucesivas y que, de forma subliminal, programo en ellas una campaña de marketing promocional de una marca colectiva.

Un “editor protéico” Ernesto Santolaya y un libro de pasta dura que refleja aquella convivencia y mi intención autoral. Es un gozne entre el blanco y negro y el color, entre el comic y el fotomontaje. La portada, por cierto, es del maestro Peret y algunos pseudónimos ocultan los deneís de artistas muy sensibles a la exposición pública.

Portada de Vibraciones No. 64, enero 1980 | B-52’S. Página interior para la revista Vibraciones

En realidad tu labor editorial se prolonga hasta nuestros días. ¿Qué diferencias encuentras entre esas primeras etapas y los últimos años?

Efectivamente, amo el trabajo editorial, y confieso que me gusta que el resultado se refleje impreso en papel en color CMYK. La diferencia, si existe, en esta persistencia de casi cuarenta años es quizás simple: antes eran revistas, ahora procuro que sean libros si ello es posible. Antes me ocupaba más de mi propio tiempo vital, ahora me interesa mucho más el pasado histórico. En realidad creo que estoy en ciernes de intentarlo en la red, me gustaría contar tantas cosas todavía.

No obstante, no es ni mucho menos la única rama del árbol. Todo está puesto ahí en el comienzo como un embrión que ha ido desarrollándose. Fotomontaje, pintura, video, diseño. Tu voluntad ya era dejarse llevar por un impulso creativo multidisciplinar.

Es que no puedo concebir “la obra” de otra forma. He repetido obstinadamente lo del taller renacentista donde se hacen cuberterías, retablos y fiestas (y “alteras” con ofertas las demandas de los comitentes). Otra clave de esto podría ser “lo dominado aburre”, “lo nuevo estimula”. De alguna forma uno se enriquece afrontando la dificultad de nuevos retos. Detesto los músicos que suenan igual disco tras disco y los artistas plásticos que reconoces de lejos año tras año. Mi estilo es precisamente no tenerlo, es casi un concepto intelectual.

El fotomontaje está presente en tu obra de manera persistente. ¿Cómo lo has hecho evolucionar a lo largo de los años, al menos hasta 1993? En ellos se distinguen temáticas definidas. Por una parte, el universo científico y la técnica. Por otra, el mundo-pop, la comunicación de masas. Y si vamos estirando del hilo: la persistencia en lo simbólico, lo mitológico, las figuras híbridas. Todo ello constituye un lenguaje. ¿Cuáles serían las cualidades y calidades del lenguaje artístico de Carmelo Hernando?

Fui fotomontador, que no collagista. Cosnciente del origen dadaísta alemán de Heartfield y Haussman, cogía las imágenes en color reproducidas por las máquinas en las revistas y libros. Las recortaba, manipulaba y pegaba para devolver, de nuevo, nuevas imágenes a los sistemas fotomecánicos de reproducción y cerrar así círculos testimoniales. Siempre fui consciente de la figuración máxima posible, desdeñando la abstracción decorativa o compositiva. Antes creía que esto era surrealismo, hoy día estoy convencido de que la palabra correcta es memorialismo. Antes de despedirme (el aviso de cambio llegó vía informática con Photoshop) hay una última etapa formal con tecnología Canon. Ello me permitió dos cosas: 1) Alterar las escalas de las partes a priori, mentalmente, y 2) una nueva gama cromática debida a la suavidad del color CMYK por toner. Y efectivamente creo que con las Olimpiadas y la Expo abandoné el fotomontaje para siempre.

El escultor. Óleo. 76 x 92 cm. 04/11/07 Seguir leyendo

Y tu obra pictórica ¿es una prolongación de tus collages, o viceversa? Quiero decir, parece que ambas facetas se influyen mutuamente.

Lamentaría repetirme, el asunto es el “color”. Color mecánico en blanco y negro con o sin tramas. Color mecánico en CMYK luchando contra el “muaré”. Color electrónico en RGB y color artesano con acrílicos y oleos. Este último objetivo es el que ocupa mi tiempo en los últimos tres años, estoy deseando mostrarlo en exposición pública, espero poder hacerlo pronto, no puede ser reproducido con fidelidad, solo puede apreciarse físicamente a través de los conos y bastoncillos de nuestros ojos.

Si acudimos por un momento a esos años en que la Nueva Figuración comienza a adquirir relieve en el panorama español (hablamos de los años 70 y principios de los 80), ¿Cuál era tu posición ante las tendencias de esa época?

Es clave para mi. Muerto Crónica, mis pintores vivos son Antonio López y Guillermo Pérez Villalta. No se si es nueva o vieja. Hockney en El Conocimiento Secreto tiene un gráfico revelador. En la historia del arte la irrupción de las máquinas ópticas y electrónicas lo han cambiado todo, primero mejorándola, la figuración se entiende, luego alejándose de ella y ahora volviendo a primer plano en las imágenes de síntesis en tres dimensiones. Otra cosa es que la modesta obra de uno esté interesada, ahora, en la intimidad artesanal de la pintura al óleo.

Humanos y máquina I. Fotomontaje. 47 x 63 cm. 1986 | El futuro ya está aquí. Fotomontaje, 36,9 x 49 cm. 1983

A veces compones la superficie del cuadro en parcelas. A mi me recuerda a Mondrian, pero también a pintores como Dis Berlin. ¿Una cuestión de cinematografía?

Es correcto, durante años intenté combinar mondrianmente las obras/palabras en obras/frases, ahí está el video documental “Forma, color i temps” (28’23’’) producido por la Caixa, en 1985 y que recoge este proceso.Creo que fracasé en el intento excepto en dos o tres ocasiones. En cualquier caso, el conjunto pictórico Cuatricomía (348,2 x 184,5 cm. 1984–1995) es mi resultado más querido.

Me gustan especialmente esos cuadros en que haces retratos de figuras híbridas (2006-2007). Como ya comentamos, también está en algunos de tus collages. A veces la referencia parece ser Max Ernst (No de otra forma en 1983 le haces un homenaje en el collage “A la manera de Ernst”), pero intuyo que tu estilo va por otros derroteros. ¿Qué significa para ti esa representación de lo humano y lo animal? Y luego la incorporación de los modelos narrativos de ficción, como el cómic y el cine. Hay un cuadro de 2008, “La realidad”, que aglutina algunas formas iconográficas del siglo XX. No sé si hay un guiño al Equipo Crónica, pero desde luego la textura del pop está presente en partes de tu obra.

Un amigo ha definido esta serie de pinturas como “la mirada del mal”, tal es la consecuencia de pervertir la inocencia animal con la hibridación humana. Yo a esto le llamo antropomorfia. Es una constante en mi producción y toma muchos aspectos formales y cromáticos. En cuanto al tiempo histórico, como no seguir explorando mi camino que comenzó a alcanzar su perfección formal hace 8.000 años en la cultura egipcia, aunque como arte simbólico y figurativo estaba ya presente en representaciones paleolíticas, entre glaciaciones. Tú estás explorando esto en el número dos de tu revista en red. El asunto es: ¿qué figuración nos gusta más? Disney? Las miniaturas del libro de las maravillas de Marco Polo? Los bronces vieneses? Etc, etc.

Respecto a Max Ernst, su obra es muy importante para mi pero debo insistir que no es collage, sino fotomontaje (la confusión debe venir del origen de las imágenes, grabados del siglo XIX anteriores a la reproducción de las fotografías, en cualquier caso el mundo en reproducción mecánica en blanco y negro). A veces vuelvo a ello. Es curioso que una de las últimas obras de este conjunto fuese adquirida por la colección Michelín (Sin título, toner y típex sobre papel, 21x30 cm. 2001). Lo del Pop y Crónica es muy atinado, lo atraviesa, temporalmente, todo en mí. Te contaré una anécdota personal: abandoné Madrid y me trasladé a Barcelona cuando una cuadrilla de descerebrados fachas, quemaron, en la galería donde se exponían, sus meninas de papel maché. No podía compartir ciudad con seres semejantes. Y sobre “la Realidad” es cierto lo que dices pero también es más cierto que es una broma republicana. Turismo en el salón del trono.

Humanos y máquina II. Fotomontaje. 29,7 x 40 cm. 1983

En “Miedo al arte” (1992), recoges quince años de trabajo. Lo curioso es la forma de plasmarlo, en una publicación que se asemeja a las cartas del Tarot. ¿Cuál fue tu intención al recurrir a esta manera de presentar tu obra?

Es la leyenda invertida. El Tarot, cuentan, perdió la encuadernación y se deshojó despaginándose para siempre. “Miedo al Arte” nace así, suelto, para ser reordenado por el lector. Literalmente está fabricado en una fábrica de naipes con la textura y materiales propios de los juegos de cartas.

Ese mismo año, en 1992, haces una serie que a mi me parece impresionante: “Libros icónicos”. La mezcolanza de tradiciones y temas interpuestos se hace más que evidente.

Es mi despedida del fotomontaje. Pertenece a esa etapa Canon que explicaba antes. Lo cierto es que la exposición tuvo muy buenas críticas y se vendieron la mayoría de las piezas. Conceptualmente la serie es la antítesis de “Miedo al Arte”, cada obra quiere aparentar la fotografía de una página diferente de un grueso libro encuadernado que no tiene palabras sino imágenes y del que no se sabe cuantas páginas tiene o si pertenecen a distintos tomos de una enciclopedia Desgraciadamente estas obras son muy sensibles a la exposición de la luz solar, he visto literalmente desaparecer una de ellas colgada delante de una ventana sin cortinas en un ático de una preciosa casa en el Montseny.

Tu faceta en video casi que merece una entrevista a parte. Has recurrido al video de muy diversas maneras, casi como si estuviera acentuando de tu arte gráfico. Seria imposible aquí hacer alusión a la riqueza que aportas en esta materia, pero desde luego no quería dejar pasar la oportunidad de citar un corto sorprendente, mágico, hecho con guiñoles: “L’Encyclopédie des Lumières” (1995). ¿Podrías explicarnos el lugar que ocupa este corto en tu producción audiovisual, sus referencias, sus significados?.

El libro más caro que he comprado nunca (años de plazos mensuales) es la reproducción facsímil de L’Enciclopedie de Dideror i D’Alaumbert editada por Francisco Maria Rici en el este donde las tecnologías antiguas pervivían protegidas por el muro de Berlín. Estos fascículos por suscripción son la televisión del siglo XVIII, pura revolución por el acceso a la información que supusieron. Después leí una novela de Fernando Savater, cuyo nombre no recuerdo, de una marquesa española (e ilustrada) que se cartea con Voltaire. Si a lo anterior añadimos que estaba rodeado de niños en las fiestas de cumpleaños de mis hijas y mi a mi percepción de que los títeres (como los dibujos animados) son asimilados por los locos bajitos mejor que la imagen real, da como resultado esto. Un intento de contar una página relevante de la historia con formato de cuento audiovisual para toda la familia.

Músicos en casa, número dos. Óleo. 48 x 48 cm. 23/01/07

Y por ultimo, ¿cómo se integra lo digital en tu obra?

De dos formas claras: 1) Como fuente de información: Internet se está transformando en la gran biblioteca de la humanidad donde acudo cada vez más asiduamente y 2) Como instrumento: ya sea para resultados en sí mismos, en lo que llamo A.C.D. (Arte Combinatorio Digital) o como “cuaderno” de bocetos previos a la realización de pinturas.

29 abril 2010

Conjeturas sobre el collage desde la salita de estar {Entrevista al señor Garcia}



El Señor García es un señor normal.

Muchos no creerán que existe. El prefiere ocultarse bajo el anonimato de su apellido. Desconocemos su paradero o antecedentes familiares. Desconocemos su edad. Todo. La cuestión es que yo me lo encontré un día, en Madrid. Me habían invitado a una expsosición de collages. El, por supuesto, tenía colgadas algunas piezas. Entonces, no tenía más remedio que existir. Estaba ahí. Lo sé también porque alguien me preguntó ¿quieres conocer al Señor García? Como negarse al mito. Cuando lo vi, pensé que era un García más, posiblemente lo que siempre quiso ser. Hablamos, y hoy me parece que sus collages tienen más lógica. Un collage es siempre un mundo aparte.


¿Quién es el Sr. García? Nadie diría que por tu apellido ibas a conseguir recrear un mundo tan personal, y sin embargo.

Después de tantos años escondiéndome bajo el pseudónimo, me encanta ese anonimato. Como ya he dicho otras veces, soy “otro” tímido compulsivo, y me ha beneficiado que mi nombre lo utilicen más de cinco millones de personas en el mundo.

¿En el collage cabe todo?

Cabe todo. La cuestión es siempre divertirte con ello. Improvisar, experimentar, emocionarte. El collage me permite dar saltos de aquí allá. Entrar y salir, rebuscar, dibujar, ensuciar o dejarlo todo limpio, insinuar o gritar.

Desde luego los tuyos juegan a ironizar. Eso me parece. Pero también albergan algo de candor e inocencia.

Me considero apasionado de las revistas y libros de los años 50 y 60. Con esos materiales es inevitable que el resultado recree un mundo muy idealizado, sencillo, fácil. La inocencia de los felices años 60.



Y me recuerdan al humor de Jacques Tati y otros cómicos. ¿El absurdo juega un papel importante?

Soy fan de las greguerías de Don Ramón. El las definió como: humorismo + metáfora. Uno de sus métodos, fue la asociación visual de dos imágenes: “La luna es el ojo de buey del barco de la noche”. En el fondo el creaba sus propios collages, pero sin una gota de pegamento, sólo con tinta. Para mi el collage, debería tener siempre esa buena dosis de ironía, de humor, a veces, de absurdo.

¿En qué te inspiras? Muchos de tus collages parten de imágenes de los años 50 y 60. Podría haber sido otra época. Aparece gente común, incluso si me apuras, sobresalen las figuras de la clase media.

Trato que mis trabajos sean lo más cercanos posibles a mi propias experiencias. Aunque a veces, mis propios fantasmas, mis obsesiones, mis recuerdos no gusten, o no sean trabajos demasiado “decorativos”. Para mi recortar resulta un buen método de “autoayuda”, un “calmante” mental. Como te digo, con el material que juego, revistas y libros encontrados en rastros y mercadillos, es inevitable que el resultado recreé mi propia infancia. Una infancia en una familia de clase media en los años 70.

¿Cómo recolectas las imágenes que luego utilizas en tus collages? Parecen piezas, imágenes, siluetas, creadas para que tu les des su forma definitiva.

El collage guarda mucha relación con el “objeto encontrado”, desde un trozo de hierro, un papel, o una cuerda que me llaman la atención, hasta una imagen que me gusta en una revista. Sumando dos “objetos encontrados", puedes tener la suerte de tropezarte con un tercero que te sorprende aún más al llenarse de otros muchos y nuevos significados.



Un fragmento del mundo (imágenes, recortes, etc.) que todavía no has encontrado y te gustaría colocar en un collage.

Algún trozo de un mapa. Me obsesionan los mapas, y hasta ahora no he sido capaz de encontrar el sitio adecuado para incorporar alguno de ellos en mis collages. Lo seguiré intentando.

¿Y los utensilios que utilizas? Quiero decir, parece que lo digital y los softwares de diseño gráfico han olvidado para siempre las tijeras y el pegamento.

Soy muy metódico para parecer lo más despreocupado e improvisado posible. Eso no lo he conseguido nunca con métodos digitales, al final se me descubre el “truco”. Tengo la suerte de haber jugado desde siempre mucho con mis manos, papeles, ceras de colores, tijeras. He trabajado también grabado tradicional, calcografía, xilografía. Me alegra recuperar esa manualidad que me es muy útil en mis composiciones.

En tus diarios (Tus series “Querido diario”) se aprecia precisamente esa voluntad de reivindicar el collage como manualidad. Por otro lado recrean un mundo particular.

Tengo muchos, muchos cuadernos. Todos podrían llamarse “mi diario”, porque trabajo en todos a la vez, sin orden, aunque lo hago con relativa constancia. Me suelo imponer el ejercicio, sin saltarme un solo día. Puede que por esa razón a veces todo sea más espontáneo, unas veces limpio, otras veces incluso incoherente. Si ese día comí una manzana, debo usar sus etiquetas, si me tropecé con una caja de cerillas la pego inmediatamente para darle forma en el cuaderno.

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¿Cuál es la serie de la que te sientes más satisfecho?

Me considero un tipo bastante observador (casi voyeur), pero a la vez poco reflexivo. Suelo estar con el coco muy activo, persiguiendo imágenes y recopilando información visual de todo tipo, pero doy muchos saltos de un lado a otro, no puedo concentrarme. La técnica del collage me permite trabajar en muchas imágenes y series a la vez, moviéndome de una idea a otra, de una imagen a otra. Creo que por eso no tengo series favoritas aunque alguna pieza suelta me resulta mas redonda que otra. Puede que esta semana me guste las tres que suman “calceta, costura, pespunte”... pero la semana que viene habré cambiado de opinión seguro.

A mi me gusta particularmente el abecedario, el Proyecto AAAAA. Todo está colocado en su lugar, digamos, natural.

El abecedario es otro gran “encuentro”. Los chicos de Picnic me encargaron una serie para su proyecto editorial AAAAA. Esa misma mañana encontré en la calle una baraja de cartas para niños, que representaban letra de la A a la Z, me encajaba perfectamente. Sólo faltaba localizar las imágenes que rimasen con estas letras: animales, motos, funambulistas, el trabajo a partir de este punto fue muy sencillo. Lo difícil había nacido, como casi siempre, por casualidad, y gracias a algún vecino que tiro aquella baraja a la basura.

¿Hay algo nuevo que contar en el collage?

Siempre se pueden combinar las imágenes como si se tratase de palabras, como en el scrabble, y formular nuevas frases infinitamente, eso es lo divertido del collage.



También has publicado en revistas, participado en exposiciones.

El proceso de trabajo ante un encargo editorial es diferente al de las exposiciones. El mundo editorial y la prensa, esta siempre marcado por la urgencia. Eso para mi es un handicap. Al no usar photoshop el trabajo se me complica y las “horas de entrega” se me acortan mucho, pero me gusta el ritmo y sobre todo ver los resultados publicados con tanta inmediatez. Por el contrarío en el caso de las exposiciones todo es más pausado y tienes mucho tiempo para plantearte las cosas, ser más selectivo con lo que quieres mostar

Y un objetivo para los próximos 30 años.

Seguir acumulando infinitas imágenes para poder jugar infinitamente con ellas.

27 abril 2010

Miguel Trillo, identidades y miradas a la vuelta de la esquina



Liberando la entrevista que le hice a Miguel Trillo para 200 dias en Sing-Sing No.3, nov. 2009. Creo que merece la pena darle una difusión extendida, más allá de la revista. De todas formas, si alguien quiere recurrir al entorno natural de la entrevista puede recurrir a la web oficial de 200 dias en Sing-Sing.

Toda tu obra está recorrida por un tema: los movimientos juveniles y sus modos de expresión estética. ¿Cómo nace en ti esa conciencia urbana, plasmada en tus fotografías a través del retrato de las tribus urbanas?

Nace como un desahogo generacional y vital. Nací en un pueblo de la punta sur del mapa en un tiempo demasiado en blanco y negro. Aunque viví en Málaga desde los 16 años, cuando en 1973 cumplí allí los 20 años, seguíamos con un régimen político antidemocrático: el jefe del Estado era un general y el presidente del gobierno, un almirante. Y mucho cura que se encargaba de la educación de la juventud. Pero aquello ya olía. Y año que pasaba, se abría una nueva puerta: en 1974, la caída de la dictadura militar en Portugal; en 1975, la muerte de Franco. Y tras mi paréntesis en Sevilla por el servicio militar obligatorio, llegó 1978 con una esperanzadora democracia y muchas leyes represivas derogándose. Y yo con la cámara queriéndolo contar sin ser consciente en un principio.

De ese tiempo sólo tengo fotos de cuatro conciertos pero que dicen mucho de cómo iba cambiando mi entorno: En 1976, el festival de los Pueblos Ibéricos, en la Universidad Autónoma de Madrid, que fue una enorme concentración de cantautores. En 1977, un concierto de Triana en la plaza de toros de Marbella. En 1978, un concierto de Cucharada y Kaka de Luxe en un colegio mayor de Madrid. Ahí me di cuenta que de verdad los tiempos eran distintos. Y en 1979 estuve en el teatro Alfil en el primer concierto de El Aviador Dro y sus Obreros Especializados. El recambio generacional ya lo veía irreversible.



Me resulta realmente interesante que ya a finales de los 70 tuvieras tan clara la importancia documental del advenimiento de las tribus urbanas en España. Nadie que yo sepa, excepto Salvador Costa, había explorado en España hasta la fecha el universo del punk, por ejemplo. Él en Inglaterra y tú en España. En 1977, Costa publica un libro emblemático, Punk. En cierto sentido, hacéis un recorrido paralelo, al menos en los comienzos. ¿Conocías su existencia en esa época? Y de ser así, ¿influyó en tu manera de trabajar?

Hombre, no era lo mismo vivir entonces en Gran Bretaña que en España. No había color. Además, ese año 77 me lo había pasado yo vestido de soldado. Pero recuerdo en el cuartel a compañeros con las revistas Ajoblanco y Star. Yo era más de Ajoblanco, pues en aquella época quería ser escritor y a veces sacaban números extras literarios. Nunca he sido muy de cómic (bueno, de niño devoraba los tebeos) pero sí muy de música. Por eso me fui decantando por Star y sí conocí el libro de Salvador Costa, que lo editaron ellos, pero no me lo compré, porque yo entonces fotográficamente estaba más cercano a la revista Nueva Lente y a sus historias surrealistas. Para mí hacer fotos era hacer bodegones surreales. No es hasta finales de 1979 cuando dejo las metáforas visuales y me decanto totalmente por las fotos de los grupos de la Nueva Ola actuando y luego ya sólo del público.

En esos primeros años, y ya en los 80, vas construyendo un estilo personal. No sé si llamarlo documental, pero lo que sí parece cierto es que con los años ha ido ganando un valor antropológico indudable. ¿Cómo veías tus fotografías de aquel momento y cómo las ves ahora?

Por suerte las veía como en la actualidad las veo, como una manifestación artística contemporánea, como mi lenguaje de expresión, con la diferencia de que entonces era algo infravalorado en el mundo del arte español. Ahora ha llegado una nueva generación de artistas y galeristas que están valorando la fotografía debido a los precios que ha conseguido en el mercado internacional. Y saben quién es Robert Mapplethorpe, Larry Clark, Nan Goldin, Wolfgang Tillmans, Rineke Dijkstra... Pero desconocen la fotografía española anterior a mi generación. Y de mi tiempo sólo saben de muy pocos autores y descontextualizados. El mundo del arte español de los 80 y 90 fue incapaz de normalizar el soporte fotográfico. Pertenezco a una generación fotográfica que en gran parte se ha perdido para la exportación internacional. Eso no ha ocurrido ni en literatura, cine, pintura y demás ámbitos culturales. Es una prueba palpable de la endeblez de nuestra supuesta modernidad. Carecemos de una sólida base cultural, aunque económicamente pertenezcamos al top ten.




Respecto a tu giro de una fotografía surrealista a una fotografía de calle, quizá tus influencias pueden rastrearse desde los trabajos documentales de August Sander hasta el Straight-up ideado por la revista inglesa I-D.

Has dado en el clavo. La obra de August Sander la conocí en un macrofestival de foto en Venecia en el verano del 79 y la revista I-D la conocí en un viaje a Londres en el verano de 1981. Fueron de mis primeros viajes de vacaciones pagados con el sueldo que me ganaba ya como profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Madrid. Me compré el I-D nº 4 que vendían en Kensington Market y me dije: esto es lo mío, esto es lo que estoy haciendo yo en Madrid sin que nadie me lo encargue y sin que nadie desgraciadamente me lo publique, excepto yo mismo en Rockocó (aquella primavera del 81 había sacado el nº 0 del fanzine).

También como influencia he de decir que me fascinaban los retratos callejeros a adolescentes repeinados de Diane Arbus por su frontalidad, y la intensidad que transmitían. Y cómo no, la revista The Face, que era la biblia de los modernos y además en color. Y aunque mis preferencias en Madrid estaban por los circuitos musicales más o menos underground, puedo presumir de haber conocido in situ y en su momento los centros fotográficos internacionales y sus librerías. En mis vacaciones de verano durante 1979-89 estuve en Roma, Londres (4 veces), París (3 veces), Berlín, Amsterdam y Nueva York. A excepción de mis viajes a Londres, en donde logré interesantes retratos de aquel tiempo, de los demás sitios lo que me traje fue la vista enriquecida y la bolsa de viaje llena de libros. Fui autodidacta a la fuerza.



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¿Y tu método de trabajo? Recorres las calles, los bares, las salas de conciertos, la noche. Nace una nueva época. Estamos en los años de la Nueva Ola. La juventud está cambiando y tu cámara registra instantes hoy ya históricos, los signos de una transformación. Desde tu punto de vista, ¿cuáles fueron las transformaciones más acuciantes de la juventud española en el tránsito de la dictadura a la democracia?

La desaparición al final de los 70 de leyes represivas como la de” vagos y maleantes” o la de “peligrosidad social” hizo que la nueva generación que se estrenaba en los conciertos de la new wave madrileña ya no pensara en la posibilidad de que yo fuera “un social”, que era como se le llamaba a la policía de paisano que pululaba por la universidad “fichando” a los contestatarios. A nadie en los años 70 se le hubiera ocurrido hacer por la calle fotos de la gente con pintas posando así porque sí. La pérdida del miedo por parte del relevo generacional me favoreció, la fotografía dejaba de convertirse en material para tener fichada a la juventud díscola, porque ya éramos un país normal. La ficha que yo estaba haciendo era una ficha musical, una ficha estética, un fichero de la diversión. Entre el concepto estereotipado de los 70 de progres o fachas se coló un abanico de posibilidades que venían con los nuevos tiempos y que no se ajustaba a lo que nos habían enseñado. Para mí fue un enorme estímulo hacer fotos a mods, rockers, punkis, tecnos.

En ellos se mezclaba el entusiasmo y la diversión y en esas fotos yo manifestaba mi manera de ser feliz y contemporáneo. Además, coincide con un periodo musical anglosajón muy interesante, que se ha llamado de “música con actitud” (1977-1983). A ellos les pilló con el ascenso de Margaret Thatcher y a nosotros con la primera generación juvenil que pudo vivir en libertad. Por eso aquello fue irrepetible por lo que tuvo de catarsis y que dejó aquel reguero de cadáveres tan bien parecidos.

A partir de 1980 (hasta el 84) editas un fanzine, Rockocó, con un No. 0 centrado precisamente en la Nueva Ola. ¿Cómo surge la idea de hacer un fanzine enteramente fotográfico?

Nace como producto de una frustración. Había en 1980 una revista fotográfíca llamada Poptografía, que dirigía Miguel Oriola. Era como el brazo moderno de la revista Arte Fotográfico, más preocupada por los concursos y los trofeos de caza. A Oriola le presenté un portfolio que decidió publicarme en un número que se quedó en imprenta, porque nunca salió, pues Poptografía cerró. Yo me quedé tan frustrado que a aquellas fotos les añadí algunas más y lo convertí en un fanzine al que llamé Rockocó. Le puse nº 0 y lo titulé “Especial Movidas 1980”. Y quedó como un álbum de la nueva ola madrileña. Los únicos textos que había eran los de los pies de foto. Y no aparecía mi autoría, porque era una publicación sin depósito legal y demás. Y tenía el espíritu de los fanzines que empezaron a salir en Madrid, como 96 Lágrimas que sale también en esa primavera, unos días después del 23 F.

Te hablo de unos tiempos en que todo estaba en pañales. Fíjate que cuando yo hago mis dos exposiciones sobre la movida (“Pop Purrí” en la galería Ovidio en enero del 82 y “Madrid-London” en la sala Amadís en junio de 1983) todavía no habían aparecido revistas como La Luna de Madrid ni mucho menos Madrid Me Mata. Es importante recordar esto, porque con el tiempo todo se ha confundido y hasta he llegado a leer que yo colaboraba en La Luna de Madrid (extrañamente nunca me invitaron a participar). O que El Canto de la Tripulación era una revista de la movida, cuando no fue hasta 1989 cuando sale el número cero de la revista de Alberto García Alix. Fue un lujazo de publicación, pero ya más un producto de los 90.

Y respecto a Rockocó yo mismo me vi sorprendido de su éxito mediático (reseñas positivas en programas de Radio 3 y Onda 2) y de ventas (tiendas como Escridiscos, Transvanguardia, Disco Play y en El Rastro). Y entonces saqué una reedición de otros cien ejemplares de ese nº 0 (los numeraba a mano), pero cambié la foto de la portada, pues era la única que no estaba hecha por mí y además no era madrileña, sino una pareja de una postal de Londres. Empecé a tomar conciencia de la importancia que podría tener en el futuro mi fanzine. Y continué fabricando más Rockocós. Y así saqué en ese mismo año de 1981 el nº 1 Especial Mods. Y luego, el nº 2 el Especial Punkis. Cada vez tenían más fotos y páginas. Y a principios del 85 edité el último, el nº 5, el Especial Heavies, que me fue el más difícil de distribuir, pues estilísticamente se salía del circuito de la movida.



En el No. 14 de la revista Madrid me Mata (Febrero 1986), se publica un amplio reportaje sobre Rockocó. Y subtitula: “Imágenes de cinco años de música y Madrid (1980-1984)”. Es mucho más que eso. Dos años después de su desaparición, el fanzine ya había adquirido una prestancia quizá histórica. En seis números rastreas todos los estilos urbanos que habían florecido en España desde finales de los 70: punks, modernos, siniestros, mods, rockers y teddy boys, tecnos y nuevos románticos, heavys. De hecho, la crítica especializada lo elogia por su factura y sus contenidos.

Ese número de la revista Madrid Me Mata fue el último MMM que salió. En aquel momento me venía muy bien que se supiera que todas las fotos de Rockocó eran de Miguel Trillo y que yo era también el autor del diseño. Y así se conociera mi obra fuera de Madrid. Porque había un enorme deseo de saber cosas de la movida, aunque la movida ya estuviera muerta, pero tanto MMM como La Luna se habían convertido en su Boletín Oficial y apuraron el tema todo lo que pudieron. Modernizaron a los ayuntamientos de media España. La Luna fue anterior a MMM, pues su nº 1 sale a finales de 1983. Originariamente nace como un proyecto intelectual privado alrededor de la galería Moriarty y significó un revulsivo para la cultura progre de la época, que vivía estancada en otro mundo en unos tiempos que se llamaban ya posmodernos. Y la revista Madrid Me Mata (que no apareció hasta el verano de 1984) era más visual (en sus inicios un calco reconocido de I-D) y nace como un proyecto cercano al Ayuntamiento de Tierno Galván con gente que ya estaba en los medios y que usaron la revista para reciclarse. El responsable de fotografía, por ejemplo, era Jordi Socias, que en los 70 trabajaba en el semanario Cambo 16.

En esa misma revista, en el nº 12 (diciembre 1985), hay un reportaje dedicado a la sala Rock-Ola (“Rockola en los corazones”) ilustrado con tus fotografías. No sé si es difícil abstraerse de la nostalgia, pero me gustaría que nos contaras, ya que tú fuiste un testigo de primer orden, la función que cumplió esa sala en la construcción de una nueva identidad juvenil. O quizá es un mito ya aceptado por todos.

Se sabía que MMM estaba con números rojos y por eso me llamaron a “colaborar”, es decir, a tirar gratis de mi archivo. En el fondo me interesó, pues había ya tanta gente apuntada al carro de la movida que al menos en mis fotos el público que salía sí la había mamado. Y en ese número también pude escribir y sacaron a la luz bastante material de mi dietario visual de tantas tardes y noches en la sala Rock-Ola.

Aquello era más que una sala de conciertos. Fue la suma de dos necesidades: normalizar Madrid para el circuito de los conciertos internacionales (desde lo más novedoso como Spandau Ballet a históricos como Divine) y que la noche ya no fuera carne de vips, sino carne muy heterogénea. Significó la democratización de la diversión y su rebajada de edad. La imagen de la generación anterior, la de Massiel, Camilo Sesto, Ana Belén o Víctor Manuel y demás divirtiéndose en boites aterciopeladas como Bocaccio o Long Play era una imagen que ya no procedía. En Rock-Ola igual se divertía un joven mecánico punki, un anfetamínico mod universitario o un constructivista tecno oficinista. Una gente que combinaba frivolidad e inteligencia. Posiblemente la cultura era eso y en otros países ya se sabía, pero fue en Rock-Ola donde mejor se supo plasmar. Y tenía ese aire canalla de espacio cutre, de mezcla de bar de fluorescentes y ex puti club. Se convirtió en un espacio tomado para la libertad y la creación. Los que trabajaban en Rock-Ola eran conscientes de que allí se estaba la gente divirtiendo pero igualmente se estaba escribiendo la cultura de una generación. La cultura ya no la construían sólo los ratones de biblioteca en la sala de préstamo de la Biblioteca Nacional, sino gente nueva en la última barra de un bar, en la primera fila de un concierto o sentada en el rincón de un local manoseando unos muslos. La cultura al fin ya no era la vida de nuestros antepasados.



¿Qué otros fotógrafos de esa época te gustaban? ¿Cómo era la situación de la fotografía en esa época?

La fotografía costumbrista de tradiciones rurales como la de Cristina García Rodero o Koldo Chamorro era la que se reconocía y se catalogaba con dinero público en los 80. Fotografía era entonces sinónimo de pasado y de identificación nacional. Lo mío era presente y cultura extranjerizante, sin referencias nacionales. En aquella época yo tenía muy claro quiénes eran de “los nuestros” y me mostraba muy distante con “los otros”. Me gustó lo que leí el otro día en una entrevista a Pablo Pérez Mínguez en el libro “La mirada en el otro”. A una pregunta de Javier Díez, PPM contestó: “Alberto, Ouka y Trillo son para mí como hermanos”. Yo matizaría y diría que más bien hermanastros. Afortunadamente tuvimos padres distintos y por eso nuestras imágenes no son repetitivas. No fuimos cámaras puestas en diferentes lugares para luego rebobinar y ver a toro pasado lo mismo desde puntos de vista distintos, como ocurre con las retransmisiones deportivas o taurinas. No fuimos córnea, sino cerebro. Y nunca nos hemos llevado mal ni hemos malhablado, algo tan habitual en los ámbitos de la creación.

Y si tuviera que elegir sólo a un par de fotógrafos que mejor resumieran la contemporaneidad de la fotografía española de las tres o cuatro últimas décadas, elegiría a Joan Fontcuberta en Barcelona y a Pablo Pérez Mínguez en Madrid. Por eso, que PPM se convirtiera en el fotógrafo pope de la Movida no fue por casualidad, sino por su modernidad y creatividad. La movida fue una acumulación de mentes en crecimiento. No es tampoco casual que uno de esos cuatro evangelistas con cámara de la Movida sea Alberto García Alix, el mejor retratista que ha dado la fotografía española. ¿Y qué decir de Ouka Leele? Su obra siempre me ha impresionado y posiblemente fue la primera fotógrafa reconocida por el mundo de la gran cultura y de la calle. Saltó rápidamente a la fama. Pero extrañamente no hay foto de familia a todo color de los cuatro fotógrafos juntos. Hay eso sí al menos una en blanco y negro y de noche que nos hizo Jesús Peraita en la puerta de la galería Ovidio cuando su reapertura en 2005. Ya empieza a reconocerse –al menos fuera de España- que la Movida fue una edad de plata en el pueblerino ensimismamiento de la cultura española. Una suerte que haya quedado en nuestras cámaras. Y en la de algunos más, claro.

No sé si ya adentrados en los últimos años de esa década se produjo un proceso de disolución de lo que habían sido los movimientos juveniles gestados con la Nueva Ola, pero tu trabajo sigue proyectándose en los años 90 bajo un ideal urbano similar. Realizas para El País un retrato de la juventud española instalada en capitales de provincia ¿Cómo afectó eso a tu trabajo fotográfico?

En un principio no pensé que me fuera a cambiar mucho. En 1990 Alberto Anaut y Chema Conesa, que eran los responsables de El País Semanal, me pidieron que acompañara a Moncho Alpuente que iba a realizar una crónica sobre la modernidad en seis capitales españolas de provincia “fuera de ruta” como se les llamó eufemísticamente. Y lo que publicamos fue la confirmación de que había vida moderna en Palencia, Lugo, Teruel, Ciudad Real…Y una cultura nada provinciana y alternativa interesante. La serie significó dos novedades para mí: La primera, que hacía fotos a la fuerza, no en función de mi estado de ánimo. Fue mi primer trabajo de encargo. Y la segunda, que era fuera de Madrid. En los 80 casi toda mi obra está hecha en Madrid. Y habría un tercer punto importante: en aquel momento publicar fotos en el dominical de El País era asegurarse de que lo iba a ver muchísima gente, por lo que añadí a los retratos un toque de espectacularidad para llamar la atención. Realicé unas escenificaciones que a pesar de su grandilocuencia me siguen gustando y entonces funcionaron bastante bien. Los retratos más aparatosos las pusieron incluso a doble página.



Una característica fundamental de tu fotografía es que estableces, además de un diálogo intenso con la figura humana, un diálogo con el escenario. El espacio forma parte importante de tu obra. Las paredes, los detalles arquitectónicos, los lugares...

Una foto es una superficie bidimensional y plana. En mis retratos quiero potenciar esa realidad. Y en esa geometría aparecen personas reales, de la calle, y la mayoría de las veces a pie de calle o de local. Y deseo que esas personas salgan representando su propio papel, su propia identidad. No quiero modelos. Se están reflejando a sí mismos en un momento festivo y feliz de sus vidas. Mi fotografía tiene más del teatro que del cine, hay más contemplación que acción. El teatro paradójicamente lo siento más real. Y una foto es realidad, pero también recreación. Por eso los sitúo en esos fondos que dialogan con ellos. Son como porterías donde disparar al jugador una indirecta libre y muy estética. Son jugadores de su propio espectáculo y yo construyo con lo que tengo más a mano: paredes de colores, superficies de texturas, focos, hago un sándwich visual, donde la vista no se te extravía. A veces busco antes el dónde que el a quién. Si analizas retratos del mundo de la noche, suelen salir detrás de ellos público de la sala para reforzar la idea de que están en un lugar de diversión y sonrientes. En mis fotos evito esa redundancia. Aunque posiblemente estemos rodeados también de gente. Me siento más cercano al bodegón que al reportaje. En un bodegón la llamada naturaleza muerta conversa con el fondo para realzarla y encontrar ese reposo para la mirada que resulta tan placentero. Digamos que busco retratos silenciosos en lugares de mucho ruido.

Algunas series las has publicado bajo formatos muy particulares. “Souvenirs” (1992-1994) la recoges en cuatro tiras de postales turísticas, y “Geografía Moderna” (1994-2004) consiste en seis hojas de sellos de correos. ¿Qué aporta esta preferencia a tu obra, y en qué la distinguirías del formato-libro?

Son formatos pop, de la cultura popular y del coleccionismo. De siempre me ha gustado el quiosco de las pipas como lugar de encuentro y fuente de información. Por allí han pasado todas las modas. Aquellos lugares han sido como bares infantiles, la barra de los niños donde aprendimos a coleccionar cromos, estampas y envoltorios de chucherías. Allí se emborrachó de color mi mirada y aprendí con los tebeos y las revistas la importancia de los objetos. Ya en 1981 recuerdo que encargué una funda de un disco single como catálogo-invitación de mi exposición “Pop Purri” de la galería Ovidio de Madrid. La fotografía en un libro está muy bien, pero los libros de fotos son objetos caros y a veces demasiado serios. Y muchos catálogos de las exposiciones son como libros que no pudieron llegar a serlo, tienen algo de interruptus. Así, en función también de los presupuestos disponibles, he realizado formatos que se adecuaban a la filosofía de la exposición. Por eso, las tiras de postales turísticas para "Souvenirs" o las hojas filatélicas para "Geografía moderna". Ahora estoy haciendo tarjetas telefónicas para las fotos de mi serie “Zoom”. Y para “Gigasiápolis” posiblemente encargue calcomanías.




Tus escenarios cambian. Ya no se trata solamente de Madrid y Barcelona, sino también de las periferias y las metrópolis orientadas al cosmopolitismo y el mestizaje (Dubai, India, Japón, Filipinas, Cuba…Asia). Amplias tu paisaje y, por tanto, tu mirada. “Gigasiápolis”, por ejemplo, es una serie inmersa en la ampliación de tu quehacer fotográfico ¿Dónde te lleva esa búsqueda

Asia es la factoría del futuro por no decir del presente. A diferencia de las dos Américas, que son hijas culturales de Europa y que comparten el mismo Lucifer, Asia es otro mundo con libros de religiones muy heterogéneos. Allí el diablo del rock tiene apariencias muy distintas. Vienen de un pasado tan profundo que el presente cuesta mucho. Me veo como cerrando un ciclo. Yo que vengo del túnel cultural del franquismo ahora fotografiando en ciudades modernas con religiones muy jerarquizadas y sociedades muy tradicionales. En mis fotos sale una nueva generación más próxima a una internacional juvenil donde las culturas musicales te liberan del pasado. Recuerdo en Mumbai (Bombay) el año pasado que retraté a una gente que hacía break-dance y me dijo uno que en su familia eran de la religión Sij (ellos van con turbantes y no se pueden cortar el pelo) y él, en cambio, llevaba el pelo muy corto y a la vista. Rompía con generaciones que se remontan siglos. Aquello sí era ruptura. O una chica –también el año pasado- en una universidad de Dubai, estudiante de diseño gráfico, que retraté en el campus con la melena a la vista y vestida como cualquier chica occidental, algo rompedor, pues lo normal es que los chicos vayan con túnica blanca y turbante y las chicas tapadas de negro desde la cabeza a los pies en nombre de principios religiosos. Mi exposición en los Emiratos Árabes fue portada del nº de agosto de 2008 de la revista digital meoyorkina Last Exit. Para mí fue un honor que sin conocernos el crítico de arte e intelectual Keach Hagey me dedicara un artículo soberbio.

Y ahora, en el 2009, una retrospectiva. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla acoge una exposición sobre tu evolución creativa, más de 30 años de trabajo recogidos bajo el título de “Identidades” hasta el 31 de agosto. ¿Cómo definirías esta exposición? ¿Con qué parte de tu obra te sientes más satisfecho?

Hay un periodo en la segunda mitad de los 80 que me satisface mucho recordarlo, pues tuve abierto varios frentes que se podían considerar antagónicos, pero que ahora con la distancia veo que todos encajan. En 1985 me compré una cámara de medio formato y con ella me eché al monte de los conciertos veraniegos de heavy en las fiestas de Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada… Y sacaba mi trípode y mi pedazo de cámara y retrataba al público. Y también fotografiaba por el día todo lo relativo al hip hop que nacía en la zona de los Nuevos Ministerios y por las ciudades dormitorios de Madrid. A su vez colaboraba en la revista Sur Exprés, no sólo con fotos, sino con textos. Y yo que no puedo presumir de tener ningún premio fotográfico, sí me concedieron en aquel tiempo dos de prensa escrita, los premios Injuve, por dos reportajes: el de 1988, por “Los Nuevos Pijos”, aparecido en Sur Exprés. Y el premio Injuve 1989 por el ensayo “Madrid Diez” publicado en Ajoblanco. Y la crónica “Madrid hip hop” que también publiqué en Sur Exprés en el nº de octubre del 88 dio lugar a un LP del mismo título, que se convirtió en el primer disco de rap que se editó en España.

Y fotos de aquella etapa hiperactiva forman parte importante de esta exposición “Identidades”, que significará un punto y aparte en mi trayectoria. Por primera vez un museo público de relieve me organiza una retrospectiva. Y curiosamente ha sido en Sevilla, donde apenas si tengo fotos hechas y sólo viví unos pocos meses. Lo normal es que hubiera partido la idea de Madrid. O de Barcelona, donde vivo desde hace quince años. Pero, bueno, lo importante es que por fin tengo una antológica que llevarme a los ojos y un buen catálogo, ideado por el comisario de la exposición, José Lebrero y la editorial Actar de Barcelona. Incluso Actar ha sacado una edición en inglés para el mercado internacional y que ya está en las librerías de Nueva York, Berlín o Tokio.

Y el 15 de septiembre se inaugurará la exposición en una versión más reducida en Madrid, pues al final la Consejería de Cultura de la Comunidad ha cofinanciado la muestra. Será en su sala especializada en fotografía, la del Canal de Isabel II.Desde 1999 que expuse en la Photogalería con motivo de la publicación de mi libro en la colección de Photobolsillo de La Fábrica, no había expuesto individualmente en Madrid. Y no ha sido por mi culpa, pues intenté que mi serie Geografía Moderna (la de los sellos de correos), después de su exhibición en Barcelona en 2004, fuera a Madrid, pero nadie se interesó, a pesar de que ha sido el proyecto que me ha llevado más tiempo, diez años por fronteras territoriales de la Península Ibérica. Por eso ahora esta exposición en la capital quiero que tenga un marcado simbolismo de vuelta a casa, de reconocimiento en mi ciudad adoptiva, a la que dediqué los mejores años de mi vida.