Fotografia & jazz

Casi podría decirse que el jazz es un género fotográfico en sí mismo. Esa atracción que muchos fotógrafos han sentido por capturar su iconografía se extiende a todo aquello que el jazz ha supuesto desde el surgimiento del dixiland: un estilo de vida, una vivencia de la música más allá de las normas o la lucha contra el racismo. La revolución social que la población negra norteamericana no pudo hacer desde los guetos la hizo a través del jazz. El jazz es revolución y fotogenia, pero es curioso comprobar que su momento de mayor esplendor, renovación e influencia en otros campos del arte es también el de su reducción a un espacio casi-marginal, precisamente cuando el apogeo de las orquestas blancas de los años 30 empieza a disminuir dando paso, a mediados de los años 40, a uno de los mayores acontecimientos musicales del siglo XX, la explosión del Be-Bop y el estado de conciencia al que Charlie Parker llevó la improvisación.
Lo que sigue no es otra cosa que algunas de las muchas maneras en que los fotógrafos han intentado captar la esencia del jazz, su espacio vital, la vivencia de esa atmósfera.